lunes, 22 de julio de 2013

Capítulo 17.

-Me voy a casa. -informa Héctor muy serio mirando a Debo y a Rodri. No se sentía cómodo, además, parecía que preferían estar solos.
-Si, yo también me voy. -señala el moreno, Rodrigo.
-¿Y ella? -pregunta Héctor sin comprender, eran del mismo grupo de amigos no podía ni imaginar que la iba a dejar aquí sola, el nunca lo haría. Ni pensarlo.
-Ah, pues no se. -dice, parecía que pasaba un poco del tema, se gira hacia Debo. -¿Tu qué haces, eh?
-No te importa gilipollas. -contesta ella, herida y muy enfadada. Estaba apunto de llorar, pero ni le salían las lágrimas. Ella que siempre había soñado con un príncipe azul y ella sería la princesa del cuento... no se dio cuenta de que poco a poco dejó de ser princesa para convertirse en un fiel reflejo de la gente con la que iba, y alguien se lo diría.

Se levanta enfadada y se acerca a la puerta derecha.

-Eh, nena relaja. -dice Rodrigo tmy se levanta también yendo tras ella, al ir tan rápido se choca con una de las sillas pequeñas de colores para niños. -Ah, puta silla, como se pone en mi camino, cabrona. -dice riendo. Deborah se gira un momento y se queda pasmada, se acababa de comer la silla, ¡y le había quedado bien! Si ella se hubiera chocado, ahora estaría toda la sala riendose de ella y no en un silencio sepulcral.

Héctor se va. Los machotes no le caían para nada bien, pobre silla. Él querían encontrar a Clara, o a Bitner. Mierda. Acababa de conocer a Clara y ya la situaba en un lugar con más importancia que a Bitner, pero es que esa rubia con las puntas rosas se había ganado su corazón.

En otra punta de la ciudad.

-Papá, pasame esa caja.
-Toma, cuidado, llevo ahí la cubertería.
-Va, ¿te ayudo con las cajas del garaje?
-No, tranquilo, la mudanza casi está acabada. Sal un rato haber si conoces a alguien.
-Bueno. -dice el chico no muy convencido, tal vez aquí le costara hacer amigos.
-¡Raúl! -grita una voz femenina en un tono muy impaciente. -¡Dije que el cuarto de baño de arriba era mío!
-Mujeres... -susurra el padre con un tono amistoso.
-Ahora subo Cris... -responde algo desganado.

Nuestro nuevo personaje empieza a subir escalones, camina entre cajas de mudanza, ¿le gustaría este sitio?, ¿o se sentiría más cómodo volviendo a Irlanda?

-Haber Raúl, las cosas claras. Este baño es mío, porque esta al lado de mi habitación, mira. -su hermana habla gesticulando con la cara y las manos cada palabra que dice, era tan gracioso verla. -Tu baño es el del final del pasillo, papá y tu lo compartis.

Si hubiera tenido seis años, tal vez hubiera preguntado ¿y mamá? pero con cierta edad, te empiezas a dar cuenta de quien te abandona y quien se queda en tu vida.

-Me voy a teñir las puntas del pelo de rosa. -anuncia Cris muy satisfecha de su decisión, por la cara de asombro de su hermano, decide explicarse. -Desde el coche he visto a una chica con el pelo rubio y las puntas rosas, ¡genial! Quiero conocer a esa chica.

-Preguntaselo a papá. -dice el finalmente, no lo iba a confesar, pero él también había visto a esa chica y se había enamorado de su aspecto, tal vez fuera una persona increíble, decidido, la iba a encontrar.

jueves, 11 de julio de 2013

Capítulo 16.

¿Quién era esa chica y por qué abrazaba a Héctor? Bitner se acerco un poco más, aún semiescondida estaba segura que como girara un poco la cabeza la descubriría. La chica que tenía apoyada tenía una preciosa melena rubia, un poco rizada y con la última parte del cabello teñida de rosa claro. ¡Cómo no iba a llamar la atención así! Tenía los ojos de un azul tremendamente bonito, esos ojos..., y si ella la estaba viendo de lejos, ¡de cerca sería muy impresionante!

Respiró. Tranquila. Uno, dos, tres. Respira princesita. No quería empezar ahora otro ataque de ansiedad, era solo una puta chica. ¿Y si estaba soñando?, ¿y si esto no era real? Pero sí, lo era. En ese momento llegó otro chico cogiendo a una chica por el brazo. No se lo podía creer, esto era aún más fuerte que ver a Héctor con esa chica. ¡Rodrigo!

A escasos metros...

-Ya está mejor, gracias por acompañarla, tío. -masculló Rodri, le costaba decir gracias.
-De nada, aún está pálida. -respondió Héctor, admiraba el rostro de la chica, era muy guapa. Eran las dos muy guapas, cada una a su manera, pero a él le atraía Clara, era sencilla, divertida, con una personalidad curiosa...
-Estoy bien. -respondió Déborah, al fin y al cabo era demasiado independiente como para pasar toda la noche con aquellos tres, bueno, con Rodrigo sujetándola no estaba mal, la verdad.

Clara y Héctor acababan de acordar no preguntar porqué la había ocurrido eso a Debo, seguro que no la gustaría volver a parecer débil dos veces en una misma noche. Se miraron, cómplices.

-Yo debería volver... -murmuró Clara.
-Te acompaño rubita. -respondió Rodrigo soltando el brazo de la otra muchacha, parecía querer irse de allí ya.
-No hace falta, de verdad. -muestra una cálida y rápida sonrisa. Se levanta del asiento, mira a Héctor una última vez y se va.

Detrás de una planta frondosa, en esos momentos.

Estaba flipando. Cada vez las cosas tenían menos pies y cabeza. Se alejó poco a poco. Deprimida de nuevo, vivía entre lágrimas, todo era muy doloroso.

De repente alguien la tocó el hombro derecho, casi ni se da cuenta, unos golpecitos muy leves. ¿Héctor?

-¡Hola! -cuanta efusividad por parte de aquella persona. ¡Era ella! ¡La chica rubia y de pelo rosa!
-¿Hola? -respondió Bitner con un pequeño hilo de voz, apunto de estallar en lágrimas.
-¡Hola! -repitió y la dio un fuerte abrazo.
-¿Eh?, ¿hola? -volvió a decir Bitner, confundida.
-No me digas que no sabes quien soy. -dijo la otra chica, parecía tremendamente ofendida.
-Eh, no. Lo siento, no te conozco.
-¡Que no! ¡Tonta! -dijo dándola un codazo con fuerza. ¿Pero qué estaba haciendo?, ¿por qué tan siquiera la tocaba? -Oye, estas muy delgada, pareces una muñequita.
-Lo siento, te has equivocado.
-Pero mírame, te conozco y tu sabes quien soy.
-¡Qué no lo sé! ¡Déjame en paz! -le gritó, furiosa.
-Tranquilizate, ven, mira. -la chica se tapó el rostro con las manos, dejando ver solo sus ojos, que brillan de una forma muy especial.
-Tienes unos ojos bonitos. -masculló Bitner cansada de sus juegos.
-Fíjate más. -susurró ella, y le sacó la lengua a Bitner.

En ese momento llegó Héctor, que iba persiguiendo de lejos a Clara. Le sorprendió verle con Bitner, con su amiga de la infancia, con ese puñado de huesos que cada vez se notaban más, se hacían reales, que miedo.

-Hola... ¿conoces a...? -empezó a decir, pero se vio interrumpido por los labios de Bitner.
-Clara... -susurró Bitner terminando su frase, la clave de todo, la lengua de la chica, ¿quién la olvidaría?




lunes, 8 de julio de 2013

Capítulo 15.

Hace ya un tiempo, una noche de verano.

-Estoy temblando.
-¿De frío?
-No.
-¿Entonces?
-De miedo.

La conversación se había desarrollado en pequeños susurros pero había quedado grabada en las cabezas de ambos. El lugar no tenía nada de especial, estaban sentados en un banco a las cuatro y veinte de la mañana.

Diez minutos antes.

-¿Alguien viene a ver las estrellas?

La chica que se tenía que haber dado por aludida permanecía callada, se sentía pequeña al lado de aquel chico, pero terminó cediendo.
Ambos subían en silencio unas terribles escaleras de piedra, usando la linterna del móvil de ella, los mosquitos se arremolinaban a su alrededor, la rozaban, la daban pánico. Cuando al fin llegaron al dichoso banco y se sentaron, subieron la vista.

-Bonitas ramas.
-Si te fijas también se ven las estrellas.
-Pero hay que fijarse mucho.
-Ya. -ambos sonreían en la oscuridad.

Entonces él pasó a la frágil chica el brazo, acariciando tiernamente sus marcadas clavículas. Atrajo el cuerpo de ella hasta su torso desnudo, relucía con la luna que asomaba entre las ramas de los pinos. Daba la sensación de estar en un mundo aparte, apenas escuchaban a sus amigos gritar y estaban a pocos metros.
No hacía frío y menos en esa situación, pero ella temblaba y cometió el error de decirlo en voz alta.
Después de aquel pequeño diálogo, él comenzo a hablar de sus miedos; la muerte, la soledad, perder a gente querida... ¿Y si ahora ella le decía que no le temía a morir?, ¿qué ya se sentía sola y sabía como afrontarlo?, ¿qué había ido perdiendo a esa gente poco a poco y apenas le quedaba a quien aferrarse?
Ella tenía miedo a cosas materiales, a las medusas de las playas del mediterráneo, a engordar, a no valer lo suficiente, a la verguenza pública, a desaparecer...

-Miedo, ¿a qué? -preguntó él.
Ella después de meditar la respuesta y rectificar. -Tal vez no es miedo, a lo mejor es frío. -Ella misma dudaba, era una de las noches más calurosas, se acurrucó en el torso desnudo de él. En esos momentos, se sentía protegida. -Gracias Jaime... -murmuró, y por miedo a molestarle si se movía, iba conteniendo la respiración de vez en cuando, en su cabeza solo escuchaba un 'no respires más Bitner, tienes que desaparecer', entonces apretaba más la cabeza al pecho del chico.

jueves, 4 de julio de 2013

Capítulo 14.

Tras el abrazo de aquel singular chico, el primero que abrió las puertas de bienvenida a la ciudad a Bitner, parecía que ambos padres estaban menos tensos. Aún así, su madre, apunto de ponerse a llorar, no cesaba de murmurar maldiciones. Su padre, intentando mantener la compostura, miraba nervioso a todos los lados.

Ya no sabían que hacer. Creían que esta pesadilla acabó, ni se les ocurrió pensar que podría resurgir, como las llamas entre cenizas. Ella era consciente pero estaba incosciente. Se encontraba como un trozo de cristal, arañado pero que aún mantenía su forma. ¿Quién sería capaz de hacerla añicos? Si ella era una chica fuerte, o esa era la apariencia que trataba de dar, aunque se estuviera muriendo por dentro.

‘Duerme dulce princesa’

-Despierta Bitner, despierta. –murmuraba el médico sin cesar de darle golpecitos en la cara, ella de vez en cuando habría los ojos pero caía rendida por el sueño de nuevo. Ella intentaba despertar, pero había algo que se lo impedía, algo que la aprisionaba y que no quería dejarla ir.

Había un gran bullicio a pesar de que se encontraran en una sala de urgencias, palabras con timbre nervioso, e incluso desesperado.

‘Princesa...’

-¿Dónde estoy? –fue como un grito, Bitner se incorporó de pronto en la camilla en la que había estado durmiendo la última hora. Ahora eran los brazos de sus padres, fundidos en un cálido abrazo, los que no la dejaban moverse.

-No vuelvas a dormirte, cariño –murmuró su madre, asustada.
-Te lo prometo mamá. –dijo Bitner, decidida mientras se sentaba a un lado de la camilla para dejar los pies colgando, iba descalza y se podía ver la cuidada pedicura de tonos marrones de las uñas.

Bitner miró también en busca de su padre, no estaba.
-Ha ido a por algo de beber. –contestó su madre, como si la estuviera leyendo la mente.
-Vale.

En ese momento llegó su padre, con un zumo y un vaso. Ella ansiaba por ver la etiqueta del zumo, pero su padre vertió el líquido en el vaso y se lo dio. ¿Y cómo sabría ahora ella las calorías? No espera, no debía obsesionarse, era un zumo. Un maldito zumo. Líquido. Se lo bebió de un trago, sin martirizarse más.

-No nos vuelvas a dar un susto así. –señaló su padre, con voz dura y terca. –O ya sabes. –terminó diciendo mientras daba golpecitos a la camilla. Su hija asintió con rapidez, quería irse, lo ansiaba.
-Ha estado aquí Héctor. –murmuró su madre sentándose en la silla azul de espera. Parecía que iban a estar aquí un largo rato, maldición, el olor la enfermaba.
-¿Qué le ha pasado? –preguntó ella en un susurro, casi asustada.
-Acompañaba a una chica desmayada, con él iban un chico y una chica más.
-Ah. ¿Puedo ir a buscarle? –pidió ella sin esperanzas. –Me vendrá bien despejarme. –en realidad lo que quería era salir de allí, las cuatro paredes en las que se encontraba atrapada señalizaban la locura y a la vez arrepentimiento, era un sitio que la hacía ser pesimista.
-Ve.

Abrió Bitner mucho los ojos, ni reaccionó al principio. Se frotó dos veces los ojos y se bajó de la camilla, calzandose sus zapatos. Salió casi corriendo. ¿Por dónde empezar?

-¡Doctor Martínez! –exclamó al ver por allí a un conocido suyo. -¿Ha visto a un chico con rizos? Iba con otro chico más y una chica, ¡ah! Y otra chica desmayada.
-Bitner, supongo que no puedo decir que es una alegría verte. –dijo el esbozando una pequeña sonrisa. –Sí, estan una planta más arriba.
-No diga nada. –sonrió ella.

Subir escalones, el zumo la había dado fuerza. Tal vez sus padres vertieran alguna medicina extraña en el tetrabrik del zumo. Tres, dos, un escalón, ya estaba arriba. Vio enseguida a Héctor, pero, ¿cómo una imagen podía doler tanto?
 

viernes, 14 de junio de 2013

Capítulo 13.

Dos años atrás, un día de junio (viernes) a las 16:00.

Aún no podía creerselo. ¿Qué se pondría para salir esta tarde? Quedaban todavía dos horas y media, ¡era poco tiempo!

Rebuscó en su armario, ¡no tenía ropa bonita! Ni siquiera sabía si ir en vestido, con sudadera o pantalones cortos, ¡nunca había ido con los amigos de Rodrigo! Deborah no podía estar más nerviosa, contenta y a la vez negativa. Incluso su madre había notado que hoy estaba algo diferente, había cambiado.

Una hora más tarde.

-¡Espero que recojas todo esto antes de irte! -gritó su madre. -¡Es imposible entrar en tu habitación!
-Que sí, mamá, que luego lo ordeno...

Al final había decidido no salirse del todo en su estilo de vestir, al fin y al cabo no podía querer ser otra persona (aunque no la importaría). Se puso una camiseta negra, con algo de escote y de tirantes, unos leggins con estampado de cebra y unas martens negras. Se llevó por si acaso una sudadera morada que se había comprado el año pasado en Inglaterra.

-¡Pero niña! ¿De dónde has sacado esa ropa? -preguntó su madre realmente escandalizada.
-Del armario...

No tenía demasiadas ganas de hablar, se pintó la raya de ojos, rimmel y eyerlinner (por primera vez), y los labios de un color rojo carmesí, realmente sensual y atractiva. Su pálida tez resaltaba y sus imponentes rizos la caía por ambos lados de la cara, preciosa.

Y se hicieron las 18:29, alguien llama al timbre, un toque no demasiado insistente.
-¡Es para mí! ¡Adiós mamá! -se despidió la chica bajando atropelladamente por las escaleras, ¡qué nervios! ¿qué diría Rodrigo al verla?

Respiró un par de veces antes de llegar a la puerta, se miró en el espejo de la pared y se lanzó un besito, las cosas podrían cambiar gracias a ese castigo del instituto. Abrió la puerta y salió, cerrándola con rapidez y torpeza, haciendo que un mechón de pelo se quedara enredado. Mierda, ya la estaba cagando, ¡el torpe aunque cambie siempre será torpe! Volvió a abrir la puerta, esta vez con las mejillas coloradas y la cerró.

-Hola. -saludó ella con timidez.
-¿Eh? ¿Me he equivocado de casa o qué? Impresionante. -murmuró el chico mirándola con descaro de arriba a abajo. El iba en piratas azules y una camiseta blanca, sencillo y perfecto. Sonreía.
-N...no tonto. -ríe con verguenza.
-Venga vamonos, nos esperan. -dijo metiendo un poco de presión, ella suponía que delante de su puerta no estaba muy cómodo, ella tampoco. A medida que se alejaban el sacó un cigarro y lo encendió. -¿Quieres?
-No, gracias. -respondió haciendo también un gesto negativo con la cabeza.
.Ah, conque una chica sana... interesante. -sonrisa pícara mientras llegaban a un cruce, se paran. -Y dime, ¿eres tan sana para otras cosas?
-Depende de para que cosas, ¿no? -respondió ella, desafiante. Aunque con el último '¿no?' la voz la había temblado un poquito.
-Vaya, vaya con la Debo. -dijo en cierto tono de murmullo mientras pegaba un poco su cara a la de la chica, y justo cuando ella pensaba que iba a pasar algo bonito, él suelta una gran bocanada de humo.

El semáforo se pone en verde y el cruza la calle con paso decidido, mientras ella se queda al otro lado de la calle, congelada. Un coche frena bruscamente, al tiempo para que el chico se aparte con un pequeño salto.
-¡Primo! ¡Qué está en verde, joder! -le grita Rodrigo al audi rojo.

En esos instantes, en un audi rojo.
-¡Mira que descaro el de ese chiquillo! -una voz de mujer, enfadada.
-¡No le digo nada porque tiene pinta de sacarte una navaja! -esta vez un tono masculino.
-¡Hija!, ¡nunca te acerques a gente así! -repite la voz femenina.
-Vale mamá... -un susurró llega desde la parte de atrás del coche, la chica joven saca la cabeza por la ventana y mira como el chico se aleja. Su cabellera negra se ondea con el viento, el chico pasa por su lado, guiñándola un ojo.

Cinco segundos después, en el lado peatonal.
-Ya nos veremos preciosa, ¡me llamo Rodrigo! -grita el chico, se había percatado de la presencia de la chica de la parte trasera del vehículo.

Volvemos al interior del coche.
-Rodrigo... -susurra realmente bajito y tapándose la boca con la mano. Le sonríe y sube la ventana. En realidad a ella no la importaría volvérselo a cruzar, y así le podía decir su nombre, Bitner.

martes, 4 de junio de 2013

Capítulo 12.

Hace dos años, en otra ciudad.

-Mamá por favor, no me puedes hacer esto.
-La decisión está tomada.
-¿Y qué pasa? ¿En esta casa no se cuenta con mi opinión?
-No para estos temas, aún eres pequeña.
-¿Pequeña? ¿Te parece a ti que con 14 años soy una cría?
-No voy a discutir más contigo, la decisión no cambia, nos mudamos en dos semanas.
-¡No hay derecho! ¡Estoy harta de vosotros! Agh, ¡no me dejáis vivir!

Y la chica se mete rabiosa en su habitación, dolida y decepcionada. ¿Cómo podían no haberla preguntado en una decisión tan importante?, ¿mudarse?, ¿dónde? No tendría ni tiempo de despedirse de sus amigos de aquí, Galicia, ¡qué tanto la había costado conseguir! Porque ella era una chica rara, no demasiado guapa, en plena adolescencia, tímida, no tenía el cuerpo perfecto, malhumorada. Eso tendría que cambiar, si quería adaptarse mejor, comenzar de cero, ser una persona completamente diferente tendría que empezar ya, en ese momento. Lo que ella no sabía era que como persona era alguien realmente especial.

-Mamá, me voy al centro, vuelvo luego.
-Bueno... ¿cenas aquí?
-No. -contesta, no cenaría ni hoy, ni mañana, ni pasado. Nunca. Debería adelgazar, ahora mismo iba a hacerse un nuevo peinado, a comprarse lentillas y a apuntarse al gimnasio.

Portazo.

¿Por dónde empezaba? Ah, la peluquería estaría bien, nuevo look, nueva persona, ¡en cuánto la vieran sus amigas se morirían de celos!, por primera vez, ella intentaría ser la guapa del grupo.

Tres semanas después, un día de colegio.

Quería ser diferente, no quería llegar tarde el primer día de clases, se puso el despertador a las seis, salió a correr una hora, se dio una buena ducha y desayunó un zumo de naranja natural, sin pulpa, odiaba la pulpa. Cogió la mochila nueva, negra y sin dibujos ya que no quería que la juzgaran por ser demasiado 'infantil'. Tenía miedo, mucho. Su carácter había cambiado, su aspecto también, su forma de pensar e ideales, la relación con sus padres se había vuelto fría debido a la mudanza y problemas más personales.

El instituto estaba a veinte minutos andando, ahora vivía en una bonita urbanización con mucha gente, ¡tenían hasta piscina! En el fondo mudarse a Madrid no había sido demasiada mala idea, la gustaba el lugar. Aparte tenía al lado aquel gran parque, ¿El Retiro? No recordaba bien el nombre, pero saldría a correr todas las mañanas por ahí.

-Perdona, ¿3ºB?
-Sí, subes las escaleras dos pisos y al fondo está la clase, al lado del laboratorio de química.
-Gracias. -sonrisa.

Más ejercicio diario, ¿cuántos escalones eran? Uno, dos, tres, cuatro... cincuenta y siete, ¡genial! Ah, ya veía la clase, ¡qué verguenza!, ¡que miedo! Todos parecían conocerse, ella era la nueva, a saber como podría adaptarse.

-¡Eh! Tu debes de ser nueva, ¿cómo te llamas?
-Hola... Bitner, encantada.
-¿Estás bien?
-Ssssssssí, un poco nerviosa y tal.
-Tranquila, ven que te presento a mis amigos.
-Vale. -sonrisa, llena de cariño y agradecimiento.
-Chicos, esta es Bitner, ellos son Raquel, Lucía, Sergio, María, Javi, Emilio, Sara, Ruth y Alfon.
-No se si podré acordarme de todos. -sonrojo y saludo tímido.
-Ah, yo me llamo Héctor, que se me había olvidado presentarme. -el chico sonríe, ¡qué ojos verdes más perfectos!

Pero lo que Bitner no sabía era en quién se convertiría Héctor para ella desde ese momento, en un gran apoyo durante los siguientes tres meses, ya que sus caminos se terminarán separando y no se verían hasta dos años después, cuando Bitner sería ingresada de nuevo en el Hospital.


jueves, 30 de mayo de 2013

Capítulo 11.

En un lugar de la ciudad, en un pequeño piso céntrico unas horas atrás, en la mañana.

La chica coge el móvil, necesitaba una excusa creíble y que en cierto modo no rebajara el nivel de su familia. Otro whatsapp del grupo, ¿no se iban a callar nunca o qué? Lo habían creado hace menos de tres horas y ella solo había estado media hora en la ducha, y ¡800 mensajes! No se iba a leer ninguno, solo los últimos.
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660 098 639- /lucyyyyy dice: chicooooooos, entonces a que hora es?¿?¿?¿??¿
Mery clase dice: Ni idea :3 ¿a qué hora abren?
660 098 639- /lucyyyyy dice: pues ni idea, a las cinco creo ^^
Jaime dice: ok! pues a menos cuarto en la parada que llegan estos!
Jaime dice: no llegueis tarde!
Mery clase dice: yo nunca llego tarde so looooco!
Jaime dice: ya, anda, empieza a maquillarte
644 823 739 - /pablitocc dice: por lo menos no te rebozas como lucia jajajajjaa

 660 098 639 se ha ido

Mery clase dice: anda que teneis tacto, señoressss
Coco dice: venga, pues a menos cuarto ahi
Javiercito dice: valee, marisa, rodri, alvaro y yo cogemos el bus de y media para llegar a menos cuarto
Mery clase dice: okeeeeeeeeeeei, clarius, tu a que hora vienes?
Coco dice: eso claraaaa, contesta
Jaime dice: claraaa, te invocamos claraaaa!
Coco dice: jajajajajaa
Mery clase dice: Imagen ()
Jaime dice: jajajajajaja estas loca maria
                                                                                        Chicos, yo no voy, no puedo lo siento.

Has abandonado el grupo.
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Sin excusas, no quería ponerlas ya que no se sentía bien engañando a sus amigos, tal vez cuando pasen la mala racha de estos momentos, se lo contaría. Su apoyo la podría venir bien, para sacarla una sonrisa al menos.

Ding dong

Se sobresaltó al escuchar el timbre del piso, solo esperaba que no fuera ningún amigo suyo, se moriría de verguenza teniendo que rechazar la invitación en su cara.
-Ya va. -contesta en voz alta, se pone las zapatillas y se dirige a abrir.

No son sus amigos, es la pesada señora del piso superior, ¡menuda maruja! Solo entreabre la puerta, a saber que rumores irá diciendo por los rellanos de la situación económica de su familia.

-Hola Clarita, ¿tenéis pan de hamburguesa y queso fresco? -preguntó.

Maldita señora endemoniada, sabía perfectamente como estaba su familia en economía, sabía que solo compraban pan en los chinos, sabía que no consumían queso fresco del que quería porque se les salía del presupuesto, ¡sabía tantas cosas! Quería cerrarle la puerta en las narices, por entrometida, por mala persona...
-No, lo siento señora, me hice una hamburguesa ayer para cenar. -contesta, escueta, fría, melancólica, ¡hacía tanto que no comía una buena hamburguesa!
-¿Sí? No me olía ayer a carne...
-Sería porque me la hice de pollo, tal vez.
-Bueno, si tu lo dices...

Cierra la puerta ante la sorprendida mirada de la anciana curiosa. Deja escapar un par de lágrimas, ¿cuándo volverá su padre de aquel viaje que según su madre se fue hace doce años? No la cabía pensar que las había abandonado hace años, eso no era de ser un buen padre, y ella el único recuerdo que tiene de él es jugando en el parque, tirándose desde el tobogán y regalándola un caramelo. ¡Doce años! Eso es mucho, ahora tiene dieciséis, aunque se note igual físicamente.

Para distraerse, coje la guitarra y empieza a tocar una suave melodía, que segundos después también canta.

WHEN THE NIGHT HAS COME
AND THE LAND IS DARK
AND THE MOON IS THE ONLY LIGHT WE SEE
NO I WON´T BE AFRAID
NO I WON´T BE AFRAID
JUST AS LONG AS YOU STAND, STAND BY ME

AND DARLING, DARLING STAND BY ME
OH, NOW, NOW, STAND BY ME
STAND BY ME, STAND BY ME

miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 10.

-¿Dónde vamos? -preguntó Héctor con la respiración agitada mientras seguía un metro atrás a Clara.
-Al hospital La Paz. -murmuró ella intranquila, mirando de vez en cuando atrás para ver si el chico la seguía o se cansaba de ella.
-Conozco un atajo, ven. -dijo él adelantándose un paso y cogiéndola de la mano para ir por un callejón. Sabía que se acababan de conocer, que no habían tenido tiempo ni de hacerse un poco amigos, pero esa chiquilla la llamaba mucho la atención, sentía algo especial por ella y no sabía si era amor a primera vista o una fuerte amistad.

Clara tragó un par de veces, no la gustaban los sitios oscuros, la daban miedo, pero más aterrada estaba por la llamada de su madre, no le había explicado muy bien la situación, pero... aquel dichoso bulto en el pecho...
-Espera... -susurró Clara. -Hay gente allí fumando y eso...
-No pasa nada, lo tuyo es más importante. -dijo él, valiente.
-Bueno... -dijo, agarrándole fuerte de la mano, era su único apoyo.

En ese mismo momento, tres metros delante.

-¡Anda idiota! -grita una chica mientras seguía fumando. -Venga, vale hacemos el pacto.
-Entonces, ¿Lo que yo le haga a Oliver se lo haces tú a Alejandra?
-Que si pesado, dale.

Entonces el chico levantó la camiseta de su amigo y le acarició desde el pecho hasta por debajo del ombligo, sin dejarse una sola parte libre.
-¡Serás cabrón! -grita la chica mosqueada. -No voy a hacer eso, no voy a sobarle las tetas a Alejandra.
-Bueno... pues un castigo, por perder...
-¡Capullo!

Una pareja, cogidos de la mano llegan en ese momento.

-¡Eh tu! Sí, ¡el ricitos! ¡ven aquí! -grita una voz masculina dirigiéndose a Héctor, este le mira un poco por encima y sigue su camino. Entonces llega el chico que le llamaba y junto a tres amigos más les cierran el paso.

Clara miraba aterrada, no estaba acostumbrada a estos momentos ya que siempre trataba de evitarlos, no sabía si sería mejor hacerles caso o pasar de ellos, sólo tenía a Héctor. Dos de los chicos, que deberían tener uno o dos años más les cerraron el maldito paso, había dos chicas, una morena y otra de pelo rojo, parecía que todos iban bebidos o fumados.
-Perra, ya recibirás tu castigo por no cumplir tu trato. -dijo el tal Oliver, a Clara le sonaba su cara, tal vez iba a su mismo instituto.
-¡Capullo! ¡Qué pensarás hacerme!
-Yo nada, él. -y señala a Héctor.

Héctor mira confuso, acaba asintiendo, ¿lo qué llevaba ese tío era una cuchilla? Después miró a Clara, parecía que temblaba, demasiadas emociones. Tragó saliva. -Bien. -murmuró mientras veía como todos le daban un trago a una botella de absenta.

-Tienes que sobarle las tetas a esta preciosidad... -dijoOliver.
-¡Eh tío no! -se quejó el otro. -Déjala en paz.
-Ahora la defiendes no, ¡te pones celoso primo!
-La sobo yo por él. -sonríe travieso mientras mira a la espectacular chica morena que también iba bebida. -Ven aqui, zorrita.
-Pero vamos a ver, ¿sois gilipollas? -se queja la chica poniéndose en pie, dándole dos tragos fuertes a la botella, tambaleandose y yendo al lado de Héctor. -Pobre chico, que haga lo que le de la gana. -sonríe ella también, pícara, mostrando su escote al chaval.
-Yo...yo no... -titubea Héctor sin poder evitar que sus ojos se posaran en aquella preciosidad, cuando de repente, la chica se desmaya, cayéndose al suelo.
-¡Deborah! -grita uno de sus amigos que no iba mucho mejor que ella. -Vamos, joder, haber si la va a dar un coma, a urgencias ya.
-Pero tío, sospecharán.
-Da igual, decimos que nos la hemos encontrado tirada en la calle, que no la conocemos de nada.

Clara no podía salir de su asombro, ¡era su amiga!, ¡la conocían! y pretendían pasar de ella, tratarla como la mierda si no la habían humillado bastante ya. Fue donde la chica ya que nadie se movía y junto con Héctor la incorporaron. Rodrigo también fue con ellos y salieron hacia el hospital con prisas.

-Muchas gracias guapa, estos que son unos cabrones... -dijo Rodrigo mientras cruzaban las calles. -Me llamo Rodri.
-Clara. -dijo ella, por un momento se había olvidado de su madre.

Llegaron a urgencias, esa noche estaba lleno.
-¡Bitner! -gritó Héctor al ver allí a su vieja amiga, soltando con cuidado a la chica desmayada y yendo hacia ella. -¿Qué ha ocurrido?, ¿Ana otra vez? -sus padres asientes y el entristece. -Luego la llamo... perdonen, tengo que atender a otra chica, dice yéndose de nuevo con Clara, el chico cardura y con Deborah, ¿así se llamaba?

lunes, 27 de mayo de 2013

Capítulo 9.

-Te quiero, joder.

Dos años atrás, un día de junio (martes) a las 10:39.

-Deborah, a la palestra.
-¡Pero si ya me has sacado cuatro veces en el trimestre! -protesta la chica, furiosa, tímida, sonrojada.
-¿Quién decide? Yo. Sal.

Deborah se levanta cuidadosamente de su silla, odiaba tanto las clases de este señor... Buscaba miradas cómplices entre sus compañeros ya que tal vez la podrían chivar la lección.

-¿Has estudiado?
-Pues... un poco.
-Hablame de Darwin.
-Emm, tuvo teorías y eso.
-¿Algo más?
-No mucho más, si me lo invento será peor.
-Cierto. Te pongo un 1 porque no tenemos permitido poner 0.
-Ya es algo.
-Sí, lo es.

Deborah se sienta de nuevo, no la gustaba su sitio ya que estaba demasiado cerca de ese chico, Rodrigo, no dejaba de meterse con ella, ¡no la dejaba vivir! Todo era porque estaba un poco gordita y en plena época de acné juvenil, no era demasiado abierta ni popular.

-Chs, Deborah. -susurra su compañero de al lado. No, ya la iba a empezar a molestar Rodrigo. -¿Qué deporte haces?
-Defensa personal.
-¿Para qué?, ¿te crees que alguien va a querer violarte? Fea.
-¡Gilipollas!
-Rodrigo, Déborah, fuera ahora mismo de clase, de fiesta al pasillo.

Déborah sale llorosa de la clase, ¡maldito!

-Eh, nena tranquila, venga vamos a dar una vuelta, yo cuido de ti.
-¿Cuidar de mí? Sí nadie me quiere violar. -responde con lengua afilada.
-Tienes unas buenas tetas. -se encoge de hombros mientras ella comienza a sonrojarse.

¿Por qué ese repentino interés en ella?
En esos momentos, una chica de pelo oscuro y liso, con flequillo, salió de la clase acompañada del profesor que parecía preocupado, sujetándola del brazo ya que estba blanca como la pared. Deborah se acerco un poco a ella, Rodrigo también.
-¡No agobiéis!, ¡Dejar espacio! -grita desesperado el profesor.
-Mira, ella tiene buen culo. -señala Rodrigo mirando a la chica de pelo liso, Deborah se pone celosa sin saber porqué, se la tendría jurada a esa chica para siempre.

-Debo, una cosa...
-No me llames así.
-Debo, ¿quieres venirte esta tarde con mis amigos al caloma? -preguntó el.

¿Al caloma? ¿Aquel local de moda al que solo iba gente privilegiada o de una popularidad bastante grande?

-Vale.

Y con ese asentimiento, Deborah no se dio cuenta de que se estaba metiendo en un peligroso mundo.

Capítulo 8.

Ya. Le había cerrado la puerta, le había dicho que desapareciese de su vida, que no quería volver a verle. Que no era un recuerdo, que era una pesadilla. Pero, ¿por qué se sentía tan mal?, ¿por qué estaba llorando apoyada en la puerta?

Su respiración era tan agitada que tenía miedo de que se le pudiera salir el corazón, roto, pero corazón del pecho. Esto no era una sensación nueva, ataques de ansiedad la habían dado más veces.
Se sentó en el suelo, con la espalda sobre la puerta, su figura temblaba, solo salían lágrimas, pero lo peor, sentía que él aún estaba en su corazón.

-¡Bitner! -exclamó su madre al bajar la escalera y verla sollozando en esa posición. -Cariño mío, ¿qué te pasa?

No respondió, no salían palabras y pensaba que se le había roto la garganta, tenía miedo ya que sus ataques nunca habían llegado a tanto. Y entonces empezó a autocriticarse, nadie la quería porque era gorda, y fea, y nada se la daba bien, porque aún era virgen, porque si desapareciese nadie la echaría de menos.
Se intentó levantar, pero le flaqueaban las fuerzas, no había comido nada desde la hora de cenar del día anterior, y ahora se sentía aún peor.

-Nos vamos a urgencias. -murmuró su padre nada mas llegar a donde estaban madre horrorizada e hija sollozando de dolor. Puso una mano en la frente de su hija, tenía fiebre, mucha.

Sus padres solo habían rezado para pedir que esto no volviese a ocurrir, Bitner no podrían volver a caer  aquel ED, de nuevo no.

domingo, 26 de mayo de 2013

Capítulo 7.

Ese chico era perfecto, ¡les gustaba la misma música!, incluso tenía un grupo de rock formado con sus amigos, tendría que ir a verles tocar algún día.
-Por cierto, ¿cómo te llamas?
-Héctor, ¿tú?
-Clara, un placer. -ambos sonríen, cómplices, amigos.
-¿Y tienes novio, Clarita?
-No, ¿tú? -le había hecho gracia que la llamara así, pero quien querría a alguien como ella, quién.
-Yo tampoco.
-¿Y novia? -sonríe Clara ágilmente.
-No. -él se ríe, con su sonrisa contagiosa, buen comienzo.

Caminan por el centro comercial, sin rumbo, gozando de la buena compañía y de la música, de que era el principio de una amistad. Aún llevaba el anillo metido en la bota, ni la molestaba. Y pensar que podría estar perdiéndose esta gran tarde por ir a patinar un par de horas a una pista de hielo.
Suena un teléfono, el de ella. No lo quiere coger, llevaban una charla muy amena y divertida, sincera y abierta, no podía cortarles el rollo.

-¿Sí? Hola, mamá. ¿Qué? No, joder, no. Lo siento. Voy. -cuelga, nota como sus ojos derraman un par de lágrimas y enseguida recibe un gran abrazo. Lo necesitaba, y es que una hora antes ninguno de los dos sabía que acabarían tomando algo en una cafetería de un hospital.

Capítulo 6.

Todo está en silencio, Deborah está apunto de quedarse dormida. Un día de invierno, exactamente el 22 de enero a las tres de la mañana. De pronto suena su móvil.

-¿Quién eres y qué coño haces llamándome a estas horas?
-Debo, soy Rodri, baja.
-¿Estás loco? Mira que hora es.
-O bajas o llamo al telefonillo.
-No te atreverás...
Ringggg, ringgg.
-Cabrón... -susurra y cuelga la llamada.

Se levanta de la cama, enciende la luz. Busca un vestido negro, corto y sensual, unas medias de color carne y unos zapatos con tacón, la hacía una silueta perfecta, sugerente. Se mira al espejo y se pinta un poco la raya y rimmel. Se peina el escandaloso cabello negro y rizado y se pinta los labios de color carmín. Lista.
En ese momento entra su madre.
-Deborah, ¿Qué haces?
-Mamá, me voy de fiesta.
-¿Pero que? ¿Has visto que hora...?
Tarde, la chica ya ha salido de la habitación tras coger el móvil.
-No llames hasta las once, que queremos dormir.-murmura su madre antes de que la chica baje las escaleras, ¿qué han hecho mal con su educación?

Baja las escaleras rápido pero sin perder el equilibrio con los tacones, al llegar a la entrada se pone colonia y abre la puerta. Ahí está Rodrigo, tan guapo como siempre. Cierra la puerta y le besa, mentiendole la lengua hasta el fondo, un beso con pasión, al fin y al cabo llevan saliendo tres semanas, aunque no era una relación muy sincera, porque Deborah se había liado con tres más y Rodri con una conocida de ella en el autobús esa misma tarde.
Se avecinan problemas, pero lo que no se imagina ella es a donde la va a llevar Rodrigo.

Capítulo 5.

Eso no se lo esperaba para nada, pero no reaccíonó, el beso duró tres o cuatro segundos y entonces él se apartó. Aún seguía bloqueada, ya que no entendía que hacia su ex en la puerta de su casa, ¡si encima la dejó él!

Un día saliendo de la bolera.
-Oye, Bit, ¿podemos hablar?
-Claro. -sonrisa.
-Haber, que eres muy mona, y me gustas, pero que prefiero dejar esto de salir porque no estoy cómodo, ¿lo entiendes?
Otra sonrisa por parte de ella, esta vez un poco melancólica. Asiente.
-Si, tu también eres muy mono, vale, como amigos entonces. -y unas horribles ganas de llorar la empezaron a llegar con rabia, ¿si la quería dejar por qué cojones la da un beso al llegar?, ¿por qué la hace un chupetón dos días antes?

Aún seguía en shock, no podía reaccionar, tantos recuerdos en un mismo momento... Verle de nuevo le habia hecho una gran impresion, habian pasado unos dos meses sin verse, ella habia perdido varios kilos y el se habia hecho mas alto, no queria que regresase a su vida, no queria tener mas problemas.
-¿Que haces aqui? -repitio mirandole friamente, o intentandolo, ya que tenia ganas de ponerse a llorar ahi en medio, pero no queria caer bajo.
-Estas más delgada.
-¿Que haces aqui? -volvio a decir, observandole fijamente.
-Y más guapa.
Bitner vuelve a entrar en casa y cierra la puerta tras de sí, en ese momento rompe a llorar, la hizo mucho daño y la rompió los esquemas.
Su relación al principio fue bien, despues llego la estúpida de Cristina, que era una guarra con mas tetas, y claro, hubo problemas. Nada mas cortar con ella, estaban los dos en la misma habitacion rodeados de sus amigos, y el dijo:
-¡Chicas! ¡Ya estoy soltero! -fue una puta puñalada.
Abre la puerta de nuevo, muy llorosa.
-¡No quiero volver a verte en mi puta vida! -grita, y cierra de un gran portazo.

Capítulo 4.

Miró nerviosa a la dependienta, no dejaba de observar cada movimiento que hacía. En realidad ella nunca había robado en el Sfera, pero necesitaba ese anillo como fuera y no llevaba dinero encima.

Cogió un pantalon vaquero y guardó disimuladamente el anillo en el bolsillo trasero, también se colgó del brazo dos camisas y unos shorts, fue al probador.
-¿Cuántas prendas llevas? -preguntó aburrida la encargada.
-Tres, digo cuatro. -dijo nerviosa mostrándoselas una a una. Ella asintió y la dejó pasar, ¡estos jóvenes no sabían ni contar!

Respró tranquila en cuanto cruzó esa barrera, se metió en un probador, sacó el anillo y se lo guardó en el sujetador, seguro que ahí no miraba nadie. Esperó cinco minutos y salió del probador con las prendas algo arrugadas, las dejó en la mesa.
-¿No te vale nada?
-No, me hacen el cuerpo raro, supongo que estoy muy gorda. -dijo la chica encogiendose de hombros.

Salió rapidamente de la tienda, nunca se había puesto tan nerviosa como en esos momentos pero había salido victoriosa. Necesitaba chuches, y comprarlas y no robarlas y seguía sin dinero. La economía en su casa no estaba demasiado bien, y no se sentía capaz de pedirles a sus amigos más dinero. La verdad, ahora tendría que estar en la pista de hielo, pero había dicho que tenía comida familiar y en realidad daba vueltas aburrida por el centro comercial. Se choca, se cae al suelo.

-Perdona, ¿estás bien? -dijo, un chico con aspecto algo preocupado. Era moreno, con el pelo un poco rizado, ojos verdes preciosos. Una cara graciosa, algo gordito y la sacaba más o menos una cabeza.
Se levantó rapidamente.
-Sí, perdona, iba distraída. -murmuró, silencio, solo se escuchaba la música de fondo, oh si es Blink-182, tarareó la canción de I miss you.
-¿Conoces canciones de Blink? -preguntó sorprendido el chico.
-¡Claro! -afirmó ella contenta, él también tarareaba.

(I miss you, miss you)
(I miss you, miss you)

Where are you and I'm so sorry
I cannot sleep, I cannot dream tonight
I need somebody and always
this sick strange darkness
comes creeping on so haunting every time
and as I stared I counted
webs from all the spiders
catching things and eating their insides
like indecision to call you
and hear your voice of treason
will you come home and stop this pain tonight
stop this pain tonight
Y es que a veces las canciones unen más que las palabras.

viernes, 19 de abril de 2013

Capítulo 3.

Se levantó de su asiento, pasando por encima del chico y yendo con su amiga. Completamente sonrojada y sintiendose algo humillada.
Cogió la bolsa y se ocultó la cara con ella, sentándose de espaldas al pasillo. -Sara, la he cagado. -murmuró aun con la cara tras la mochila.

-No seas tonta Bit, es un imbécil.
-Que me encanta.
-Mentira, solo está bueno.
-Que no.
-Que sí idiota, convencete ya.
-Que no Sara, que es diferente cuando está conmigo.
-¡Diferente dices! -se echó a reir Sara. -Es el mismo gilipollas estando contigo o con cualquier otra.

Y ahí acabó la conversación durante todo el trayecto, ni una palabra más. Bajaron en su correspondiente parada y se fueron a entrenar. Bitner no se pudo concentrar en las tres malditas horas de voleibol y el entrenador amenazó con no volver a sacarla hasta que acabara la temporada porque últimamente estaba por las nubes. Tenía ganas de ponerse a llorar, de decir que no era su culpa. Que su maldito corazon estaba hecho un lío y ella no sabía como salir de ahí.

Llegó Bitner a casa, tiró la mochila al suelo y se tumbó en la cama, hundiendo la cara en la almohada blanca que pronto se empezó a teñir de mojado. Tres toques a la puerta.
-No entreis. -murmuró cabezota.
-Bit...
-¡Que te vayas pesada! -le gritó Bitner a su hermana pequeña, con furia. Sabía que no tenía que hablarla así pero no estaba para bromas.
-Que no, que ha venido un chico preguntando por algo de mates...

¡Un chico! ¿Y si fuera Rodri...? Imposible. Se levantó de un salto, se secó las lágrimas y se desenredó el pelo. Le dio un beso en la frente a su hermana. -Lo siento Lucy.

Bajó al recibidor y cogió aire un par de veces. Se quedó perpleja cuando vio quien estaba ahí, cerró la puerta y sin moverse se quedó en silencio. Entonces el chico se lanzó sobre ella, besándola. ¿Qué cojones hacía aquí Jaime?


miércoles, 17 de abril de 2013

Capítulo 2.

No sabía que hacer, ni que decir. Rodri se acercaba a ella rapidamente, a penas estaba a cuatro metros y...
-¿No me querías saludar o qué nena? -dijo el con sensualidad colocándose enfrente.
-No te había visto... -murmuró nerviosa por tenerle tan cerca, nunca había mantenido una conversación que no fuera por tuenti o chat, o cualquier tontería en clase.
-Anda que no guapa, si te he visto como mirabas. -dijo el. -¿Nos sentamos?

Ella simplemente asintió, girándose para buscar un asiento libre. Entonces él, con todo el morro del mundo la tocó el culo dándole una palmada.
-¿¡Qué haces?! -preguntó ella girándose de golpe empezando a sonrojarse.
-Nunca te había tocado el culo, me gusta. -dijo, a Bit le parecía una situación tan irreal que el nalgazo la trajo de vuelta a la realidad. Anda que no había imaginado veces como sería su encuentro, que ella volvía de comprar algo y el la pillaba a la mitad y la acompañaba a casa... pero nunca se le ocurrió que se verían en el autobús preparada para ir a entrenar.

Se sentaron cinco o seis filas delante de Sara. Bitner le miró nerviosa. Notaba como el estaba tranquilo, mirandole el pecho en vez de la cara. No swabía muy bien como interpretar eso. Entonces sucedió, sin esperar más Rodri se lanzó sobre su boca. Mordiendola la lengua.
Bitner estaba en trance, nunca había tenido demasiada experiencia con los chicos. El la mordía los labios, dejó escapar un pequeño murmullo de dolor, Rodri le acababa de hacer sangre en el labio, notaba el sabor, tendría agujetas de besar el próximo día.

-Vamos prima... -murmuraba el mientras sin cortarse la metía las manos bajo la camiseta dirigiendolas directamente a sus tetas cubiertas por el sujetador. Por si no lo había nombrado, Rodri era un tío de su misma edad, 16, con pelo negro corto, moreno, complexión delgada y estaba bastante bueno. Componía sus propios temas de rap, que ella escuchaba en secreto. También fumaba demasiado, y bebía, su salud no la cuidaba, pero era su vida y no se quería entrometer.
Ella aún no se había movido demasiado, solo la lengua e intentando evitar que la mordiera más. Estaba realmente nerviosa, roja hasta la cabeza, sus mofletes ardían.
-Toca lo que quieras... -murmuró el poniéndose sobre ellay sus manos en su paquete.
-Ro-rodri para, por favor. -susurró ella cuando la dejó la boca libre. -Yo... aquí no...

Se separó de ella, había aparecido un nuevo gran bulto en su pantalón. ¡Claro que ella quería liarse con él! Pero joder, no delante de todo el mundo, enfrente de Sara que miraba curiosa, a la derecha de dos viejecitos que comentaban en voz alta lo indecentes que eran, no era el lugar.

Rodri se separó de ella, mirandola. Parecía incluso decepcionado, tal vez la tomaba por esa clase de chicas que hacían cualquier tipo de locuras cuando les entraba la vena calentorra y salida. Pero al ver el sonrojo absurdo de la chica, el tío se empezó a reir. Se metió la mano en los pantalones mientras ella alucinaba y acabó la faena.




domingo, 14 de abril de 2013

Capítulo 1.

-Joder Bit, vamos a llegar tarde al entrenamiento. -masculló la rubia mientras metía presión a su amiga desde el telefonillo.
-Espera, no encuentro las rodilleras. -gritó Bitner, que había dejado el telefonillo descolgado para poder hablar. -Dame un minuto, sino me voy sin ellas.

Por fin, unos minutos después se abrió la puerta de fuera. Salió una muchacha pálida, de cabello negro y liso, con flequillo recto y ojos negros, también. Delgada y sin demasiado pecho, lo normal para los dieciséis años.
-Mira que eres pesada, Sara. Llegamos de sobra. -murmuró Bitner, fastidiada por las prisas que le había metido su amiga hace unos minutos.
-Claro, claro. ¡Y luego llegamos y ya han empezado a correr! -dijo su amiga riendo. Sara era más alta que ella aunque no era delgada, siempre se había visto acomplejada por su imagen y nunca había hecho nada para remediarlo. -Le voy a mandar un WA a Sofía, para que avise de que llegamos juntas. -advirtió Sara mientras jugueteaba con sus mechones rubios. Era muy guapa, sus ojos marrones eran comunes pero muy grandes y la daban una mirada muy sincera. Sacó el móvil y entró en el Whatsapp, tecleaba rápido.
-Eres una exagerada Sara.
-Claro que no, Bit.
-Que sí.
-Venga idiota, camina más deprisa.

Y entre risas bajaban la calle.
-¡Mierda Sara! ¡Escondeme!
-¿Qué dices?
-Ese de ahí es Rodri... -murmuró señalando a un chico a lo lejos. -No quiero que me vea así vestida.
-Pero si estás muy sexy, tonta. -dijo su amiga cariñosamente.
-Es que estuve hablando con el ayer... y bueno.
-¿Y bueno? ¡Cuentame ya!
-Nada... que me dijo que pusiera la cam y eso...
-¿Y la pusiste?
-¡Ni loca! -negó Bitner caminando un poco más deprisa. Cogió a su amiga del brazo y la fue casi arrastrando a la parada de autobús. Llegaron justo en el momento en el que el autobus llegaba a la parada. Bitner se apresuró a subir, y Sara echó un último vistazo al chico, que guapo era y que bueno estaba.
-Bit, hay un problema... -murmuró Sara señalando por la ventanilla. -Rodri se va a subir al bus.

Bitner no podía creérselo, tanto tiempo coqueteando con él, diciendo que podrían quedar a solas alguna noche... y al final terminaría viendose en un autobus. Ni siquiera era su amigo, solo se había empeñado en ella y le jodía que le rechazara sus ideas de liarse.
-Vamos atrás de todo, Sara. -dijo levantándose del asiento con rapidez.
-¡Eh! ¡Bitner! -se escuchó decir desde los primeros asientos. Bitner, nadie la llamaba ya así, Bit era mucho más cariñoso y de confianza. Confianza, algo que ella no tenía con Rodri. Miró hacia atrás y sus mejillas enrojecieron levemente. Estaba vestida con la ropa de entrenar, unos pantalones negros muy, muy cortos, que apenas la tapaban las nalgas y una camiseta ropa apretada, las rodilleras negras en los tobillos y el pelo suelto.
-Coge mi mochila, voy a hablar con el... -murmuró Bit dándole la bolsa deportiva a Sara, que se estaba riendo. -Tonta...

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jueves, 21 de marzo de 2013

¡Hola!

La verdad es que las presentaciones no se me dan demasiado bien, soy una persona tímida. Solo deciros que una de las pocas cosas que se me dan bien (o eso dicen, porque yo no pienso así) es escribir relatos cortos, por eso, contraria a todo pronóstico, he comenzado esta novela.
Pensaréis, ''que título más moderno, con el 0 en vez de la o'', ya bueno, me gustaba como quedaba. No me enrollo más, ¿vale? ^^

Espero que os guste y me lo demostréis.

Ahgdshabjhfuwyalkgbfubibcgr.