lunes, 22 de julio de 2013

Capítulo 17.

-Me voy a casa. -informa Héctor muy serio mirando a Debo y a Rodri. No se sentía cómodo, además, parecía que preferían estar solos.
-Si, yo también me voy. -señala el moreno, Rodrigo.
-¿Y ella? -pregunta Héctor sin comprender, eran del mismo grupo de amigos no podía ni imaginar que la iba a dejar aquí sola, el nunca lo haría. Ni pensarlo.
-Ah, pues no se. -dice, parecía que pasaba un poco del tema, se gira hacia Debo. -¿Tu qué haces, eh?
-No te importa gilipollas. -contesta ella, herida y muy enfadada. Estaba apunto de llorar, pero ni le salían las lágrimas. Ella que siempre había soñado con un príncipe azul y ella sería la princesa del cuento... no se dio cuenta de que poco a poco dejó de ser princesa para convertirse en un fiel reflejo de la gente con la que iba, y alguien se lo diría.

Se levanta enfadada y se acerca a la puerta derecha.

-Eh, nena relaja. -dice Rodrigo tmy se levanta también yendo tras ella, al ir tan rápido se choca con una de las sillas pequeñas de colores para niños. -Ah, puta silla, como se pone en mi camino, cabrona. -dice riendo. Deborah se gira un momento y se queda pasmada, se acababa de comer la silla, ¡y le había quedado bien! Si ella se hubiera chocado, ahora estaría toda la sala riendose de ella y no en un silencio sepulcral.

Héctor se va. Los machotes no le caían para nada bien, pobre silla. Él querían encontrar a Clara, o a Bitner. Mierda. Acababa de conocer a Clara y ya la situaba en un lugar con más importancia que a Bitner, pero es que esa rubia con las puntas rosas se había ganado su corazón.

En otra punta de la ciudad.

-Papá, pasame esa caja.
-Toma, cuidado, llevo ahí la cubertería.
-Va, ¿te ayudo con las cajas del garaje?
-No, tranquilo, la mudanza casi está acabada. Sal un rato haber si conoces a alguien.
-Bueno. -dice el chico no muy convencido, tal vez aquí le costara hacer amigos.
-¡Raúl! -grita una voz femenina en un tono muy impaciente. -¡Dije que el cuarto de baño de arriba era mío!
-Mujeres... -susurra el padre con un tono amistoso.
-Ahora subo Cris... -responde algo desganado.

Nuestro nuevo personaje empieza a subir escalones, camina entre cajas de mudanza, ¿le gustaría este sitio?, ¿o se sentiría más cómodo volviendo a Irlanda?

-Haber Raúl, las cosas claras. Este baño es mío, porque esta al lado de mi habitación, mira. -su hermana habla gesticulando con la cara y las manos cada palabra que dice, era tan gracioso verla. -Tu baño es el del final del pasillo, papá y tu lo compartis.

Si hubiera tenido seis años, tal vez hubiera preguntado ¿y mamá? pero con cierta edad, te empiezas a dar cuenta de quien te abandona y quien se queda en tu vida.

-Me voy a teñir las puntas del pelo de rosa. -anuncia Cris muy satisfecha de su decisión, por la cara de asombro de su hermano, decide explicarse. -Desde el coche he visto a una chica con el pelo rubio y las puntas rosas, ¡genial! Quiero conocer a esa chica.

-Preguntaselo a papá. -dice el finalmente, no lo iba a confesar, pero él también había visto a esa chica y se había enamorado de su aspecto, tal vez fuera una persona increíble, decidido, la iba a encontrar.

jueves, 11 de julio de 2013

Capítulo 16.

¿Quién era esa chica y por qué abrazaba a Héctor? Bitner se acerco un poco más, aún semiescondida estaba segura que como girara un poco la cabeza la descubriría. La chica que tenía apoyada tenía una preciosa melena rubia, un poco rizada y con la última parte del cabello teñida de rosa claro. ¡Cómo no iba a llamar la atención así! Tenía los ojos de un azul tremendamente bonito, esos ojos..., y si ella la estaba viendo de lejos, ¡de cerca sería muy impresionante!

Respiró. Tranquila. Uno, dos, tres. Respira princesita. No quería empezar ahora otro ataque de ansiedad, era solo una puta chica. ¿Y si estaba soñando?, ¿y si esto no era real? Pero sí, lo era. En ese momento llegó otro chico cogiendo a una chica por el brazo. No se lo podía creer, esto era aún más fuerte que ver a Héctor con esa chica. ¡Rodrigo!

A escasos metros...

-Ya está mejor, gracias por acompañarla, tío. -masculló Rodri, le costaba decir gracias.
-De nada, aún está pálida. -respondió Héctor, admiraba el rostro de la chica, era muy guapa. Eran las dos muy guapas, cada una a su manera, pero a él le atraía Clara, era sencilla, divertida, con una personalidad curiosa...
-Estoy bien. -respondió Déborah, al fin y al cabo era demasiado independiente como para pasar toda la noche con aquellos tres, bueno, con Rodrigo sujetándola no estaba mal, la verdad.

Clara y Héctor acababan de acordar no preguntar porqué la había ocurrido eso a Debo, seguro que no la gustaría volver a parecer débil dos veces en una misma noche. Se miraron, cómplices.

-Yo debería volver... -murmuró Clara.
-Te acompaño rubita. -respondió Rodrigo soltando el brazo de la otra muchacha, parecía querer irse de allí ya.
-No hace falta, de verdad. -muestra una cálida y rápida sonrisa. Se levanta del asiento, mira a Héctor una última vez y se va.

Detrás de una planta frondosa, en esos momentos.

Estaba flipando. Cada vez las cosas tenían menos pies y cabeza. Se alejó poco a poco. Deprimida de nuevo, vivía entre lágrimas, todo era muy doloroso.

De repente alguien la tocó el hombro derecho, casi ni se da cuenta, unos golpecitos muy leves. ¿Héctor?

-¡Hola! -cuanta efusividad por parte de aquella persona. ¡Era ella! ¡La chica rubia y de pelo rosa!
-¿Hola? -respondió Bitner con un pequeño hilo de voz, apunto de estallar en lágrimas.
-¡Hola! -repitió y la dio un fuerte abrazo.
-¿Eh?, ¿hola? -volvió a decir Bitner, confundida.
-No me digas que no sabes quien soy. -dijo la otra chica, parecía tremendamente ofendida.
-Eh, no. Lo siento, no te conozco.
-¡Que no! ¡Tonta! -dijo dándola un codazo con fuerza. ¿Pero qué estaba haciendo?, ¿por qué tan siquiera la tocaba? -Oye, estas muy delgada, pareces una muñequita.
-Lo siento, te has equivocado.
-Pero mírame, te conozco y tu sabes quien soy.
-¡Qué no lo sé! ¡Déjame en paz! -le gritó, furiosa.
-Tranquilizate, ven, mira. -la chica se tapó el rostro con las manos, dejando ver solo sus ojos, que brillan de una forma muy especial.
-Tienes unos ojos bonitos. -masculló Bitner cansada de sus juegos.
-Fíjate más. -susurró ella, y le sacó la lengua a Bitner.

En ese momento llegó Héctor, que iba persiguiendo de lejos a Clara. Le sorprendió verle con Bitner, con su amiga de la infancia, con ese puñado de huesos que cada vez se notaban más, se hacían reales, que miedo.

-Hola... ¿conoces a...? -empezó a decir, pero se vio interrumpido por los labios de Bitner.
-Clara... -susurró Bitner terminando su frase, la clave de todo, la lengua de la chica, ¿quién la olvidaría?




lunes, 8 de julio de 2013

Capítulo 15.

Hace ya un tiempo, una noche de verano.

-Estoy temblando.
-¿De frío?
-No.
-¿Entonces?
-De miedo.

La conversación se había desarrollado en pequeños susurros pero había quedado grabada en las cabezas de ambos. El lugar no tenía nada de especial, estaban sentados en un banco a las cuatro y veinte de la mañana.

Diez minutos antes.

-¿Alguien viene a ver las estrellas?

La chica que se tenía que haber dado por aludida permanecía callada, se sentía pequeña al lado de aquel chico, pero terminó cediendo.
Ambos subían en silencio unas terribles escaleras de piedra, usando la linterna del móvil de ella, los mosquitos se arremolinaban a su alrededor, la rozaban, la daban pánico. Cuando al fin llegaron al dichoso banco y se sentaron, subieron la vista.

-Bonitas ramas.
-Si te fijas también se ven las estrellas.
-Pero hay que fijarse mucho.
-Ya. -ambos sonreían en la oscuridad.

Entonces él pasó a la frágil chica el brazo, acariciando tiernamente sus marcadas clavículas. Atrajo el cuerpo de ella hasta su torso desnudo, relucía con la luna que asomaba entre las ramas de los pinos. Daba la sensación de estar en un mundo aparte, apenas escuchaban a sus amigos gritar y estaban a pocos metros.
No hacía frío y menos en esa situación, pero ella temblaba y cometió el error de decirlo en voz alta.
Después de aquel pequeño diálogo, él comenzo a hablar de sus miedos; la muerte, la soledad, perder a gente querida... ¿Y si ahora ella le decía que no le temía a morir?, ¿qué ya se sentía sola y sabía como afrontarlo?, ¿qué había ido perdiendo a esa gente poco a poco y apenas le quedaba a quien aferrarse?
Ella tenía miedo a cosas materiales, a las medusas de las playas del mediterráneo, a engordar, a no valer lo suficiente, a la verguenza pública, a desaparecer...

-Miedo, ¿a qué? -preguntó él.
Ella después de meditar la respuesta y rectificar. -Tal vez no es miedo, a lo mejor es frío. -Ella misma dudaba, era una de las noches más calurosas, se acurrucó en el torso desnudo de él. En esos momentos, se sentía protegida. -Gracias Jaime... -murmuró, y por miedo a molestarle si se movía, iba conteniendo la respiración de vez en cuando, en su cabeza solo escuchaba un 'no respires más Bitner, tienes que desaparecer', entonces apretaba más la cabeza al pecho del chico.

jueves, 4 de julio de 2013

Capítulo 14.

Tras el abrazo de aquel singular chico, el primero que abrió las puertas de bienvenida a la ciudad a Bitner, parecía que ambos padres estaban menos tensos. Aún así, su madre, apunto de ponerse a llorar, no cesaba de murmurar maldiciones. Su padre, intentando mantener la compostura, miraba nervioso a todos los lados.

Ya no sabían que hacer. Creían que esta pesadilla acabó, ni se les ocurrió pensar que podría resurgir, como las llamas entre cenizas. Ella era consciente pero estaba incosciente. Se encontraba como un trozo de cristal, arañado pero que aún mantenía su forma. ¿Quién sería capaz de hacerla añicos? Si ella era una chica fuerte, o esa era la apariencia que trataba de dar, aunque se estuviera muriendo por dentro.

‘Duerme dulce princesa’

-Despierta Bitner, despierta. –murmuraba el médico sin cesar de darle golpecitos en la cara, ella de vez en cuando habría los ojos pero caía rendida por el sueño de nuevo. Ella intentaba despertar, pero había algo que se lo impedía, algo que la aprisionaba y que no quería dejarla ir.

Había un gran bullicio a pesar de que se encontraran en una sala de urgencias, palabras con timbre nervioso, e incluso desesperado.

‘Princesa...’

-¿Dónde estoy? –fue como un grito, Bitner se incorporó de pronto en la camilla en la que había estado durmiendo la última hora. Ahora eran los brazos de sus padres, fundidos en un cálido abrazo, los que no la dejaban moverse.

-No vuelvas a dormirte, cariño –murmuró su madre, asustada.
-Te lo prometo mamá. –dijo Bitner, decidida mientras se sentaba a un lado de la camilla para dejar los pies colgando, iba descalza y se podía ver la cuidada pedicura de tonos marrones de las uñas.

Bitner miró también en busca de su padre, no estaba.
-Ha ido a por algo de beber. –contestó su madre, como si la estuviera leyendo la mente.
-Vale.

En ese momento llegó su padre, con un zumo y un vaso. Ella ansiaba por ver la etiqueta del zumo, pero su padre vertió el líquido en el vaso y se lo dio. ¿Y cómo sabría ahora ella las calorías? No espera, no debía obsesionarse, era un zumo. Un maldito zumo. Líquido. Se lo bebió de un trago, sin martirizarse más.

-No nos vuelvas a dar un susto así. –señaló su padre, con voz dura y terca. –O ya sabes. –terminó diciendo mientras daba golpecitos a la camilla. Su hija asintió con rapidez, quería irse, lo ansiaba.
-Ha estado aquí Héctor. –murmuró su madre sentándose en la silla azul de espera. Parecía que iban a estar aquí un largo rato, maldición, el olor la enfermaba.
-¿Qué le ha pasado? –preguntó ella en un susurro, casi asustada.
-Acompañaba a una chica desmayada, con él iban un chico y una chica más.
-Ah. ¿Puedo ir a buscarle? –pidió ella sin esperanzas. –Me vendrá bien despejarme. –en realidad lo que quería era salir de allí, las cuatro paredes en las que se encontraba atrapada señalizaban la locura y a la vez arrepentimiento, era un sitio que la hacía ser pesimista.
-Ve.

Abrió Bitner mucho los ojos, ni reaccionó al principio. Se frotó dos veces los ojos y se bajó de la camilla, calzandose sus zapatos. Salió casi corriendo. ¿Por dónde empezar?

-¡Doctor Martínez! –exclamó al ver por allí a un conocido suyo. -¿Ha visto a un chico con rizos? Iba con otro chico más y una chica, ¡ah! Y otra chica desmayada.
-Bitner, supongo que no puedo decir que es una alegría verte. –dijo el esbozando una pequeña sonrisa. –Sí, estan una planta más arriba.
-No diga nada. –sonrió ella.

Subir escalones, el zumo la había dado fuerza. Tal vez sus padres vertieran alguna medicina extraña en el tetrabrik del zumo. Tres, dos, un escalón, ya estaba arriba. Vio enseguida a Héctor, pero, ¿cómo una imagen podía doler tanto?