lunes, 27 de mayo de 2013

Capítulo 9.

-Te quiero, joder.

Dos años atrás, un día de junio (martes) a las 10:39.

-Deborah, a la palestra.
-¡Pero si ya me has sacado cuatro veces en el trimestre! -protesta la chica, furiosa, tímida, sonrojada.
-¿Quién decide? Yo. Sal.

Deborah se levanta cuidadosamente de su silla, odiaba tanto las clases de este señor... Buscaba miradas cómplices entre sus compañeros ya que tal vez la podrían chivar la lección.

-¿Has estudiado?
-Pues... un poco.
-Hablame de Darwin.
-Emm, tuvo teorías y eso.
-¿Algo más?
-No mucho más, si me lo invento será peor.
-Cierto. Te pongo un 1 porque no tenemos permitido poner 0.
-Ya es algo.
-Sí, lo es.

Deborah se sienta de nuevo, no la gustaba su sitio ya que estaba demasiado cerca de ese chico, Rodrigo, no dejaba de meterse con ella, ¡no la dejaba vivir! Todo era porque estaba un poco gordita y en plena época de acné juvenil, no era demasiado abierta ni popular.

-Chs, Deborah. -susurra su compañero de al lado. No, ya la iba a empezar a molestar Rodrigo. -¿Qué deporte haces?
-Defensa personal.
-¿Para qué?, ¿te crees que alguien va a querer violarte? Fea.
-¡Gilipollas!
-Rodrigo, Déborah, fuera ahora mismo de clase, de fiesta al pasillo.

Déborah sale llorosa de la clase, ¡maldito!

-Eh, nena tranquila, venga vamos a dar una vuelta, yo cuido de ti.
-¿Cuidar de mí? Sí nadie me quiere violar. -responde con lengua afilada.
-Tienes unas buenas tetas. -se encoge de hombros mientras ella comienza a sonrojarse.

¿Por qué ese repentino interés en ella?
En esos momentos, una chica de pelo oscuro y liso, con flequillo, salió de la clase acompañada del profesor que parecía preocupado, sujetándola del brazo ya que estba blanca como la pared. Deborah se acerco un poco a ella, Rodrigo también.
-¡No agobiéis!, ¡Dejar espacio! -grita desesperado el profesor.
-Mira, ella tiene buen culo. -señala Rodrigo mirando a la chica de pelo liso, Deborah se pone celosa sin saber porqué, se la tendría jurada a esa chica para siempre.

-Debo, una cosa...
-No me llames así.
-Debo, ¿quieres venirte esta tarde con mis amigos al caloma? -preguntó el.

¿Al caloma? ¿Aquel local de moda al que solo iba gente privilegiada o de una popularidad bastante grande?

-Vale.

Y con ese asentimiento, Deborah no se dio cuenta de que se estaba metiendo en un peligroso mundo.

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