Ya. Le había cerrado la puerta, le había dicho que desapareciese de su vida, que no quería volver a verle. Que no era un recuerdo, que era una pesadilla. Pero, ¿por qué se sentía tan mal?, ¿por qué estaba llorando apoyada en la puerta?
Su respiración era tan agitada que tenía miedo de que se le pudiera salir el corazón, roto, pero corazón del pecho. Esto no era una sensación nueva, ataques de ansiedad la habían dado más veces.
Se sentó en el suelo, con la espalda sobre la puerta, su figura temblaba, solo salían lágrimas, pero lo peor, sentía que él aún estaba en su corazón.
-¡Bitner! -exclamó su madre al bajar la escalera y verla sollozando en esa posición. -Cariño mío, ¿qué te pasa?
No respondió, no salían palabras y pensaba que se le había roto la garganta, tenía miedo ya que sus ataques nunca habían llegado a tanto. Y entonces empezó a autocriticarse, nadie la quería porque era gorda, y fea, y nada se la daba bien, porque aún era virgen, porque si desapareciese nadie la echaría de menos.
Se intentó levantar, pero le flaqueaban las fuerzas, no había comido nada desde la hora de cenar del día anterior, y ahora se sentía aún peor.
-Nos vamos a urgencias. -murmuró su padre nada mas llegar a donde estaban madre horrorizada e hija sollozando de dolor. Puso una mano en la frente de su hija, tenía fiebre, mucha.
Sus padres solo habían rezado para pedir que esto no volviese a ocurrir, Bitner no podrían volver a caer aquel ED, de nuevo no.
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