-Me voy a casa. -informa Héctor muy serio mirando a Debo y a Rodri. No se sentía cómodo, además, parecía que preferían estar solos.
-Si, yo también me voy. -señala el moreno, Rodrigo.
-¿Y ella? -pregunta Héctor sin comprender, eran del mismo grupo de amigos no podía ni imaginar que la iba a dejar aquí sola, el nunca lo haría. Ni pensarlo.
-Ah, pues no se. -dice, parecía que pasaba un poco del tema, se gira hacia Debo. -¿Tu qué haces, eh?
-No te importa gilipollas. -contesta ella, herida y muy enfadada. Estaba apunto de llorar, pero ni le salían las lágrimas. Ella que siempre había soñado con un príncipe azul y ella sería la princesa del cuento... no se dio cuenta de que poco a poco dejó de ser princesa para convertirse en un fiel reflejo de la gente con la que iba, y alguien se lo diría.
Se levanta enfadada y se acerca a la puerta derecha.
-Eh, nena relaja. -dice Rodrigo tmy se levanta también yendo tras ella, al ir tan rápido se choca con una de las sillas pequeñas de colores para niños. -Ah, puta silla, como se pone en mi camino, cabrona. -dice riendo. Deborah se gira un momento y se queda pasmada, se acababa de comer la silla, ¡y le había quedado bien! Si ella se hubiera chocado, ahora estaría toda la sala riendose de ella y no en un silencio sepulcral.
Héctor se va. Los machotes no le caían para nada bien, pobre silla. Él querían encontrar a Clara, o a Bitner. Mierda. Acababa de conocer a Clara y ya la situaba en un lugar con más importancia que a Bitner, pero es que esa rubia con las puntas rosas se había ganado su corazón.
En otra punta de la ciudad.
-Papá, pasame esa caja.
-Toma, cuidado, llevo ahí la cubertería.
-Va, ¿te ayudo con las cajas del garaje?
-No, tranquilo, la mudanza casi está acabada. Sal un rato haber si conoces a alguien.
-Bueno. -dice el chico no muy convencido, tal vez aquí le costara hacer amigos.
-¡Raúl! -grita una voz femenina en un tono muy impaciente. -¡Dije que el cuarto de baño de arriba era mío!
-Mujeres... -susurra el padre con un tono amistoso.
-Ahora subo Cris... -responde algo desganado.
Nuestro nuevo personaje empieza a subir escalones, camina entre cajas de mudanza, ¿le gustaría este sitio?, ¿o se sentiría más cómodo volviendo a Irlanda?
-Haber Raúl, las cosas claras. Este baño es mío, porque esta al lado de mi habitación, mira. -su hermana habla gesticulando con la cara y las manos cada palabra que dice, era tan gracioso verla. -Tu baño es el del final del pasillo, papá y tu lo compartis.
Si hubiera tenido seis años, tal vez hubiera preguntado ¿y mamá? pero con cierta edad, te empiezas a dar cuenta de quien te abandona y quien se queda en tu vida.
-Me voy a teñir las puntas del pelo de rosa. -anuncia Cris muy satisfecha de su decisión, por la cara de asombro de su hermano, decide explicarse. -Desde el coche he visto a una chica con el pelo rubio y las puntas rosas, ¡genial! Quiero conocer a esa chica.
-Preguntaselo a papá. -dice el finalmente, no lo iba a confesar, pero él también había visto a esa chica y se había enamorado de su aspecto, tal vez fuera una persona increíble, decidido, la iba a encontrar.
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