viernes, 14 de junio de 2013

Capítulo 13.

Dos años atrás, un día de junio (viernes) a las 16:00.

Aún no podía creerselo. ¿Qué se pondría para salir esta tarde? Quedaban todavía dos horas y media, ¡era poco tiempo!

Rebuscó en su armario, ¡no tenía ropa bonita! Ni siquiera sabía si ir en vestido, con sudadera o pantalones cortos, ¡nunca había ido con los amigos de Rodrigo! Deborah no podía estar más nerviosa, contenta y a la vez negativa. Incluso su madre había notado que hoy estaba algo diferente, había cambiado.

Una hora más tarde.

-¡Espero que recojas todo esto antes de irte! -gritó su madre. -¡Es imposible entrar en tu habitación!
-Que sí, mamá, que luego lo ordeno...

Al final había decidido no salirse del todo en su estilo de vestir, al fin y al cabo no podía querer ser otra persona (aunque no la importaría). Se puso una camiseta negra, con algo de escote y de tirantes, unos leggins con estampado de cebra y unas martens negras. Se llevó por si acaso una sudadera morada que se había comprado el año pasado en Inglaterra.

-¡Pero niña! ¿De dónde has sacado esa ropa? -preguntó su madre realmente escandalizada.
-Del armario...

No tenía demasiadas ganas de hablar, se pintó la raya de ojos, rimmel y eyerlinner (por primera vez), y los labios de un color rojo carmesí, realmente sensual y atractiva. Su pálida tez resaltaba y sus imponentes rizos la caía por ambos lados de la cara, preciosa.

Y se hicieron las 18:29, alguien llama al timbre, un toque no demasiado insistente.
-¡Es para mí! ¡Adiós mamá! -se despidió la chica bajando atropelladamente por las escaleras, ¡qué nervios! ¿qué diría Rodrigo al verla?

Respiró un par de veces antes de llegar a la puerta, se miró en el espejo de la pared y se lanzó un besito, las cosas podrían cambiar gracias a ese castigo del instituto. Abrió la puerta y salió, cerrándola con rapidez y torpeza, haciendo que un mechón de pelo se quedara enredado. Mierda, ya la estaba cagando, ¡el torpe aunque cambie siempre será torpe! Volvió a abrir la puerta, esta vez con las mejillas coloradas y la cerró.

-Hola. -saludó ella con timidez.
-¿Eh? ¿Me he equivocado de casa o qué? Impresionante. -murmuró el chico mirándola con descaro de arriba a abajo. El iba en piratas azules y una camiseta blanca, sencillo y perfecto. Sonreía.
-N...no tonto. -ríe con verguenza.
-Venga vamonos, nos esperan. -dijo metiendo un poco de presión, ella suponía que delante de su puerta no estaba muy cómodo, ella tampoco. A medida que se alejaban el sacó un cigarro y lo encendió. -¿Quieres?
-No, gracias. -respondió haciendo también un gesto negativo con la cabeza.
.Ah, conque una chica sana... interesante. -sonrisa pícara mientras llegaban a un cruce, se paran. -Y dime, ¿eres tan sana para otras cosas?
-Depende de para que cosas, ¿no? -respondió ella, desafiante. Aunque con el último '¿no?' la voz la había temblado un poquito.
-Vaya, vaya con la Debo. -dijo en cierto tono de murmullo mientras pegaba un poco su cara a la de la chica, y justo cuando ella pensaba que iba a pasar algo bonito, él suelta una gran bocanada de humo.

El semáforo se pone en verde y el cruza la calle con paso decidido, mientras ella se queda al otro lado de la calle, congelada. Un coche frena bruscamente, al tiempo para que el chico se aparte con un pequeño salto.
-¡Primo! ¡Qué está en verde, joder! -le grita Rodrigo al audi rojo.

En esos instantes, en un audi rojo.
-¡Mira que descaro el de ese chiquillo! -una voz de mujer, enfadada.
-¡No le digo nada porque tiene pinta de sacarte una navaja! -esta vez un tono masculino.
-¡Hija!, ¡nunca te acerques a gente así! -repite la voz femenina.
-Vale mamá... -un susurró llega desde la parte de atrás del coche, la chica joven saca la cabeza por la ventana y mira como el chico se aleja. Su cabellera negra se ondea con el viento, el chico pasa por su lado, guiñándola un ojo.

Cinco segundos después, en el lado peatonal.
-Ya nos veremos preciosa, ¡me llamo Rodrigo! -grita el chico, se había percatado de la presencia de la chica de la parte trasera del vehículo.

Volvemos al interior del coche.
-Rodrigo... -susurra realmente bajito y tapándose la boca con la mano. Le sonríe y sube la ventana. En realidad a ella no la importaría volvérselo a cruzar, y así le podía decir su nombre, Bitner.

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