jueves, 30 de mayo de 2013

Capítulo 11.

En un lugar de la ciudad, en un pequeño piso céntrico unas horas atrás, en la mañana.

La chica coge el móvil, necesitaba una excusa creíble y que en cierto modo no rebajara el nivel de su familia. Otro whatsapp del grupo, ¿no se iban a callar nunca o qué? Lo habían creado hace menos de tres horas y ella solo había estado media hora en la ducha, y ¡800 mensajes! No se iba a leer ninguno, solo los últimos.
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660 098 639- /lucyyyyy dice: chicooooooos, entonces a que hora es?¿?¿?¿??¿
Mery clase dice: Ni idea :3 ¿a qué hora abren?
660 098 639- /lucyyyyy dice: pues ni idea, a las cinco creo ^^
Jaime dice: ok! pues a menos cuarto en la parada que llegan estos!
Jaime dice: no llegueis tarde!
Mery clase dice: yo nunca llego tarde so looooco!
Jaime dice: ya, anda, empieza a maquillarte
644 823 739 - /pablitocc dice: por lo menos no te rebozas como lucia jajajajjaa

 660 098 639 se ha ido

Mery clase dice: anda que teneis tacto, señoressss
Coco dice: venga, pues a menos cuarto ahi
Javiercito dice: valee, marisa, rodri, alvaro y yo cogemos el bus de y media para llegar a menos cuarto
Mery clase dice: okeeeeeeeeeeei, clarius, tu a que hora vienes?
Coco dice: eso claraaaa, contesta
Jaime dice: claraaa, te invocamos claraaaa!
Coco dice: jajajajajaa
Mery clase dice: Imagen ()
Jaime dice: jajajajajaja estas loca maria
                                                                                        Chicos, yo no voy, no puedo lo siento.

Has abandonado el grupo.
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Sin excusas, no quería ponerlas ya que no se sentía bien engañando a sus amigos, tal vez cuando pasen la mala racha de estos momentos, se lo contaría. Su apoyo la podría venir bien, para sacarla una sonrisa al menos.

Ding dong

Se sobresaltó al escuchar el timbre del piso, solo esperaba que no fuera ningún amigo suyo, se moriría de verguenza teniendo que rechazar la invitación en su cara.
-Ya va. -contesta en voz alta, se pone las zapatillas y se dirige a abrir.

No son sus amigos, es la pesada señora del piso superior, ¡menuda maruja! Solo entreabre la puerta, a saber que rumores irá diciendo por los rellanos de la situación económica de su familia.

-Hola Clarita, ¿tenéis pan de hamburguesa y queso fresco? -preguntó.

Maldita señora endemoniada, sabía perfectamente como estaba su familia en economía, sabía que solo compraban pan en los chinos, sabía que no consumían queso fresco del que quería porque se les salía del presupuesto, ¡sabía tantas cosas! Quería cerrarle la puerta en las narices, por entrometida, por mala persona...
-No, lo siento señora, me hice una hamburguesa ayer para cenar. -contesta, escueta, fría, melancólica, ¡hacía tanto que no comía una buena hamburguesa!
-¿Sí? No me olía ayer a carne...
-Sería porque me la hice de pollo, tal vez.
-Bueno, si tu lo dices...

Cierra la puerta ante la sorprendida mirada de la anciana curiosa. Deja escapar un par de lágrimas, ¿cuándo volverá su padre de aquel viaje que según su madre se fue hace doce años? No la cabía pensar que las había abandonado hace años, eso no era de ser un buen padre, y ella el único recuerdo que tiene de él es jugando en el parque, tirándose desde el tobogán y regalándola un caramelo. ¡Doce años! Eso es mucho, ahora tiene dieciséis, aunque se note igual físicamente.

Para distraerse, coje la guitarra y empieza a tocar una suave melodía, que segundos después también canta.

WHEN THE NIGHT HAS COME
AND THE LAND IS DARK
AND THE MOON IS THE ONLY LIGHT WE SEE
NO I WON´T BE AFRAID
NO I WON´T BE AFRAID
JUST AS LONG AS YOU STAND, STAND BY ME

AND DARLING, DARLING STAND BY ME
OH, NOW, NOW, STAND BY ME
STAND BY ME, STAND BY ME

miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 10.

-¿Dónde vamos? -preguntó Héctor con la respiración agitada mientras seguía un metro atrás a Clara.
-Al hospital La Paz. -murmuró ella intranquila, mirando de vez en cuando atrás para ver si el chico la seguía o se cansaba de ella.
-Conozco un atajo, ven. -dijo él adelantándose un paso y cogiéndola de la mano para ir por un callejón. Sabía que se acababan de conocer, que no habían tenido tiempo ni de hacerse un poco amigos, pero esa chiquilla la llamaba mucho la atención, sentía algo especial por ella y no sabía si era amor a primera vista o una fuerte amistad.

Clara tragó un par de veces, no la gustaban los sitios oscuros, la daban miedo, pero más aterrada estaba por la llamada de su madre, no le había explicado muy bien la situación, pero... aquel dichoso bulto en el pecho...
-Espera... -susurró Clara. -Hay gente allí fumando y eso...
-No pasa nada, lo tuyo es más importante. -dijo él, valiente.
-Bueno... -dijo, agarrándole fuerte de la mano, era su único apoyo.

En ese mismo momento, tres metros delante.

-¡Anda idiota! -grita una chica mientras seguía fumando. -Venga, vale hacemos el pacto.
-Entonces, ¿Lo que yo le haga a Oliver se lo haces tú a Alejandra?
-Que si pesado, dale.

Entonces el chico levantó la camiseta de su amigo y le acarició desde el pecho hasta por debajo del ombligo, sin dejarse una sola parte libre.
-¡Serás cabrón! -grita la chica mosqueada. -No voy a hacer eso, no voy a sobarle las tetas a Alejandra.
-Bueno... pues un castigo, por perder...
-¡Capullo!

Una pareja, cogidos de la mano llegan en ese momento.

-¡Eh tu! Sí, ¡el ricitos! ¡ven aquí! -grita una voz masculina dirigiéndose a Héctor, este le mira un poco por encima y sigue su camino. Entonces llega el chico que le llamaba y junto a tres amigos más les cierran el paso.

Clara miraba aterrada, no estaba acostumbrada a estos momentos ya que siempre trataba de evitarlos, no sabía si sería mejor hacerles caso o pasar de ellos, sólo tenía a Héctor. Dos de los chicos, que deberían tener uno o dos años más les cerraron el maldito paso, había dos chicas, una morena y otra de pelo rojo, parecía que todos iban bebidos o fumados.
-Perra, ya recibirás tu castigo por no cumplir tu trato. -dijo el tal Oliver, a Clara le sonaba su cara, tal vez iba a su mismo instituto.
-¡Capullo! ¡Qué pensarás hacerme!
-Yo nada, él. -y señala a Héctor.

Héctor mira confuso, acaba asintiendo, ¿lo qué llevaba ese tío era una cuchilla? Después miró a Clara, parecía que temblaba, demasiadas emociones. Tragó saliva. -Bien. -murmuró mientras veía como todos le daban un trago a una botella de absenta.

-Tienes que sobarle las tetas a esta preciosidad... -dijoOliver.
-¡Eh tío no! -se quejó el otro. -Déjala en paz.
-Ahora la defiendes no, ¡te pones celoso primo!
-La sobo yo por él. -sonríe travieso mientras mira a la espectacular chica morena que también iba bebida. -Ven aqui, zorrita.
-Pero vamos a ver, ¿sois gilipollas? -se queja la chica poniéndose en pie, dándole dos tragos fuertes a la botella, tambaleandose y yendo al lado de Héctor. -Pobre chico, que haga lo que le de la gana. -sonríe ella también, pícara, mostrando su escote al chaval.
-Yo...yo no... -titubea Héctor sin poder evitar que sus ojos se posaran en aquella preciosidad, cuando de repente, la chica se desmaya, cayéndose al suelo.
-¡Deborah! -grita uno de sus amigos que no iba mucho mejor que ella. -Vamos, joder, haber si la va a dar un coma, a urgencias ya.
-Pero tío, sospecharán.
-Da igual, decimos que nos la hemos encontrado tirada en la calle, que no la conocemos de nada.

Clara no podía salir de su asombro, ¡era su amiga!, ¡la conocían! y pretendían pasar de ella, tratarla como la mierda si no la habían humillado bastante ya. Fue donde la chica ya que nadie se movía y junto con Héctor la incorporaron. Rodrigo también fue con ellos y salieron hacia el hospital con prisas.

-Muchas gracias guapa, estos que son unos cabrones... -dijo Rodrigo mientras cruzaban las calles. -Me llamo Rodri.
-Clara. -dijo ella, por un momento se había olvidado de su madre.

Llegaron a urgencias, esa noche estaba lleno.
-¡Bitner! -gritó Héctor al ver allí a su vieja amiga, soltando con cuidado a la chica desmayada y yendo hacia ella. -¿Qué ha ocurrido?, ¿Ana otra vez? -sus padres asientes y el entristece. -Luego la llamo... perdonen, tengo que atender a otra chica, dice yéndose de nuevo con Clara, el chico cardura y con Deborah, ¿así se llamaba?

lunes, 27 de mayo de 2013

Capítulo 9.

-Te quiero, joder.

Dos años atrás, un día de junio (martes) a las 10:39.

-Deborah, a la palestra.
-¡Pero si ya me has sacado cuatro veces en el trimestre! -protesta la chica, furiosa, tímida, sonrojada.
-¿Quién decide? Yo. Sal.

Deborah se levanta cuidadosamente de su silla, odiaba tanto las clases de este señor... Buscaba miradas cómplices entre sus compañeros ya que tal vez la podrían chivar la lección.

-¿Has estudiado?
-Pues... un poco.
-Hablame de Darwin.
-Emm, tuvo teorías y eso.
-¿Algo más?
-No mucho más, si me lo invento será peor.
-Cierto. Te pongo un 1 porque no tenemos permitido poner 0.
-Ya es algo.
-Sí, lo es.

Deborah se sienta de nuevo, no la gustaba su sitio ya que estaba demasiado cerca de ese chico, Rodrigo, no dejaba de meterse con ella, ¡no la dejaba vivir! Todo era porque estaba un poco gordita y en plena época de acné juvenil, no era demasiado abierta ni popular.

-Chs, Deborah. -susurra su compañero de al lado. No, ya la iba a empezar a molestar Rodrigo. -¿Qué deporte haces?
-Defensa personal.
-¿Para qué?, ¿te crees que alguien va a querer violarte? Fea.
-¡Gilipollas!
-Rodrigo, Déborah, fuera ahora mismo de clase, de fiesta al pasillo.

Déborah sale llorosa de la clase, ¡maldito!

-Eh, nena tranquila, venga vamos a dar una vuelta, yo cuido de ti.
-¿Cuidar de mí? Sí nadie me quiere violar. -responde con lengua afilada.
-Tienes unas buenas tetas. -se encoge de hombros mientras ella comienza a sonrojarse.

¿Por qué ese repentino interés en ella?
En esos momentos, una chica de pelo oscuro y liso, con flequillo, salió de la clase acompañada del profesor que parecía preocupado, sujetándola del brazo ya que estba blanca como la pared. Deborah se acerco un poco a ella, Rodrigo también.
-¡No agobiéis!, ¡Dejar espacio! -grita desesperado el profesor.
-Mira, ella tiene buen culo. -señala Rodrigo mirando a la chica de pelo liso, Deborah se pone celosa sin saber porqué, se la tendría jurada a esa chica para siempre.

-Debo, una cosa...
-No me llames así.
-Debo, ¿quieres venirte esta tarde con mis amigos al caloma? -preguntó el.

¿Al caloma? ¿Aquel local de moda al que solo iba gente privilegiada o de una popularidad bastante grande?

-Vale.

Y con ese asentimiento, Deborah no se dio cuenta de que se estaba metiendo en un peligroso mundo.

Capítulo 8.

Ya. Le había cerrado la puerta, le había dicho que desapareciese de su vida, que no quería volver a verle. Que no era un recuerdo, que era una pesadilla. Pero, ¿por qué se sentía tan mal?, ¿por qué estaba llorando apoyada en la puerta?

Su respiración era tan agitada que tenía miedo de que se le pudiera salir el corazón, roto, pero corazón del pecho. Esto no era una sensación nueva, ataques de ansiedad la habían dado más veces.
Se sentó en el suelo, con la espalda sobre la puerta, su figura temblaba, solo salían lágrimas, pero lo peor, sentía que él aún estaba en su corazón.

-¡Bitner! -exclamó su madre al bajar la escalera y verla sollozando en esa posición. -Cariño mío, ¿qué te pasa?

No respondió, no salían palabras y pensaba que se le había roto la garganta, tenía miedo ya que sus ataques nunca habían llegado a tanto. Y entonces empezó a autocriticarse, nadie la quería porque era gorda, y fea, y nada se la daba bien, porque aún era virgen, porque si desapareciese nadie la echaría de menos.
Se intentó levantar, pero le flaqueaban las fuerzas, no había comido nada desde la hora de cenar del día anterior, y ahora se sentía aún peor.

-Nos vamos a urgencias. -murmuró su padre nada mas llegar a donde estaban madre horrorizada e hija sollozando de dolor. Puso una mano en la frente de su hija, tenía fiebre, mucha.

Sus padres solo habían rezado para pedir que esto no volviese a ocurrir, Bitner no podrían volver a caer  aquel ED, de nuevo no.

domingo, 26 de mayo de 2013

Capítulo 7.

Ese chico era perfecto, ¡les gustaba la misma música!, incluso tenía un grupo de rock formado con sus amigos, tendría que ir a verles tocar algún día.
-Por cierto, ¿cómo te llamas?
-Héctor, ¿tú?
-Clara, un placer. -ambos sonríen, cómplices, amigos.
-¿Y tienes novio, Clarita?
-No, ¿tú? -le había hecho gracia que la llamara así, pero quien querría a alguien como ella, quién.
-Yo tampoco.
-¿Y novia? -sonríe Clara ágilmente.
-No. -él se ríe, con su sonrisa contagiosa, buen comienzo.

Caminan por el centro comercial, sin rumbo, gozando de la buena compañía y de la música, de que era el principio de una amistad. Aún llevaba el anillo metido en la bota, ni la molestaba. Y pensar que podría estar perdiéndose esta gran tarde por ir a patinar un par de horas a una pista de hielo.
Suena un teléfono, el de ella. No lo quiere coger, llevaban una charla muy amena y divertida, sincera y abierta, no podía cortarles el rollo.

-¿Sí? Hola, mamá. ¿Qué? No, joder, no. Lo siento. Voy. -cuelga, nota como sus ojos derraman un par de lágrimas y enseguida recibe un gran abrazo. Lo necesitaba, y es que una hora antes ninguno de los dos sabía que acabarían tomando algo en una cafetería de un hospital.

Capítulo 6.

Todo está en silencio, Deborah está apunto de quedarse dormida. Un día de invierno, exactamente el 22 de enero a las tres de la mañana. De pronto suena su móvil.

-¿Quién eres y qué coño haces llamándome a estas horas?
-Debo, soy Rodri, baja.
-¿Estás loco? Mira que hora es.
-O bajas o llamo al telefonillo.
-No te atreverás...
Ringggg, ringgg.
-Cabrón... -susurra y cuelga la llamada.

Se levanta de la cama, enciende la luz. Busca un vestido negro, corto y sensual, unas medias de color carne y unos zapatos con tacón, la hacía una silueta perfecta, sugerente. Se mira al espejo y se pinta un poco la raya y rimmel. Se peina el escandaloso cabello negro y rizado y se pinta los labios de color carmín. Lista.
En ese momento entra su madre.
-Deborah, ¿Qué haces?
-Mamá, me voy de fiesta.
-¿Pero que? ¿Has visto que hora...?
Tarde, la chica ya ha salido de la habitación tras coger el móvil.
-No llames hasta las once, que queremos dormir.-murmura su madre antes de que la chica baje las escaleras, ¿qué han hecho mal con su educación?

Baja las escaleras rápido pero sin perder el equilibrio con los tacones, al llegar a la entrada se pone colonia y abre la puerta. Ahí está Rodrigo, tan guapo como siempre. Cierra la puerta y le besa, mentiendole la lengua hasta el fondo, un beso con pasión, al fin y al cabo llevan saliendo tres semanas, aunque no era una relación muy sincera, porque Deborah se había liado con tres más y Rodri con una conocida de ella en el autobús esa misma tarde.
Se avecinan problemas, pero lo que no se imagina ella es a donde la va a llevar Rodrigo.

Capítulo 5.

Eso no se lo esperaba para nada, pero no reaccíonó, el beso duró tres o cuatro segundos y entonces él se apartó. Aún seguía bloqueada, ya que no entendía que hacia su ex en la puerta de su casa, ¡si encima la dejó él!

Un día saliendo de la bolera.
-Oye, Bit, ¿podemos hablar?
-Claro. -sonrisa.
-Haber, que eres muy mona, y me gustas, pero que prefiero dejar esto de salir porque no estoy cómodo, ¿lo entiendes?
Otra sonrisa por parte de ella, esta vez un poco melancólica. Asiente.
-Si, tu también eres muy mono, vale, como amigos entonces. -y unas horribles ganas de llorar la empezaron a llegar con rabia, ¿si la quería dejar por qué cojones la da un beso al llegar?, ¿por qué la hace un chupetón dos días antes?

Aún seguía en shock, no podía reaccionar, tantos recuerdos en un mismo momento... Verle de nuevo le habia hecho una gran impresion, habian pasado unos dos meses sin verse, ella habia perdido varios kilos y el se habia hecho mas alto, no queria que regresase a su vida, no queria tener mas problemas.
-¿Que haces aqui? -repitio mirandole friamente, o intentandolo, ya que tenia ganas de ponerse a llorar ahi en medio, pero no queria caer bajo.
-Estas más delgada.
-¿Que haces aqui? -volvio a decir, observandole fijamente.
-Y más guapa.
Bitner vuelve a entrar en casa y cierra la puerta tras de sí, en ese momento rompe a llorar, la hizo mucho daño y la rompió los esquemas.
Su relación al principio fue bien, despues llego la estúpida de Cristina, que era una guarra con mas tetas, y claro, hubo problemas. Nada mas cortar con ella, estaban los dos en la misma habitacion rodeados de sus amigos, y el dijo:
-¡Chicas! ¡Ya estoy soltero! -fue una puta puñalada.
Abre la puerta de nuevo, muy llorosa.
-¡No quiero volver a verte en mi puta vida! -grita, y cierra de un gran portazo.

Capítulo 4.

Miró nerviosa a la dependienta, no dejaba de observar cada movimiento que hacía. En realidad ella nunca había robado en el Sfera, pero necesitaba ese anillo como fuera y no llevaba dinero encima.

Cogió un pantalon vaquero y guardó disimuladamente el anillo en el bolsillo trasero, también se colgó del brazo dos camisas y unos shorts, fue al probador.
-¿Cuántas prendas llevas? -preguntó aburrida la encargada.
-Tres, digo cuatro. -dijo nerviosa mostrándoselas una a una. Ella asintió y la dejó pasar, ¡estos jóvenes no sabían ni contar!

Respró tranquila en cuanto cruzó esa barrera, se metió en un probador, sacó el anillo y se lo guardó en el sujetador, seguro que ahí no miraba nadie. Esperó cinco minutos y salió del probador con las prendas algo arrugadas, las dejó en la mesa.
-¿No te vale nada?
-No, me hacen el cuerpo raro, supongo que estoy muy gorda. -dijo la chica encogiendose de hombros.

Salió rapidamente de la tienda, nunca se había puesto tan nerviosa como en esos momentos pero había salido victoriosa. Necesitaba chuches, y comprarlas y no robarlas y seguía sin dinero. La economía en su casa no estaba demasiado bien, y no se sentía capaz de pedirles a sus amigos más dinero. La verdad, ahora tendría que estar en la pista de hielo, pero había dicho que tenía comida familiar y en realidad daba vueltas aburrida por el centro comercial. Se choca, se cae al suelo.

-Perdona, ¿estás bien? -dijo, un chico con aspecto algo preocupado. Era moreno, con el pelo un poco rizado, ojos verdes preciosos. Una cara graciosa, algo gordito y la sacaba más o menos una cabeza.
Se levantó rapidamente.
-Sí, perdona, iba distraída. -murmuró, silencio, solo se escuchaba la música de fondo, oh si es Blink-182, tarareó la canción de I miss you.
-¿Conoces canciones de Blink? -preguntó sorprendido el chico.
-¡Claro! -afirmó ella contenta, él también tarareaba.

(I miss you, miss you)
(I miss you, miss you)

Where are you and I'm so sorry
I cannot sleep, I cannot dream tonight
I need somebody and always
this sick strange darkness
comes creeping on so haunting every time
and as I stared I counted
webs from all the spiders
catching things and eating their insides
like indecision to call you
and hear your voice of treason
will you come home and stop this pain tonight
stop this pain tonight
Y es que a veces las canciones unen más que las palabras.