¿Quién era esa chica y por qué abrazaba a Héctor? Bitner se acerco un poco más, aún semiescondida estaba segura que como girara un poco la cabeza la descubriría. La chica que tenía apoyada tenía una preciosa melena rubia, un poco rizada y con la última parte del cabello teñida de rosa claro. ¡Cómo no iba a llamar la atención así! Tenía los ojos de un azul tremendamente bonito, esos ojos..., y si ella la estaba viendo de lejos, ¡de cerca sería muy impresionante!
Respiró. Tranquila. Uno, dos, tres. Respira princesita. No quería empezar ahora otro ataque de ansiedad, era solo una puta chica. ¿Y si estaba soñando?, ¿y si esto no era real? Pero sí, lo era. En ese momento llegó otro chico cogiendo a una chica por el brazo. No se lo podía creer, esto era aún más fuerte que ver a Héctor con esa chica. ¡Rodrigo!
A escasos metros...
-Ya está mejor, gracias por acompañarla, tío. -masculló Rodri, le costaba decir gracias.
-De nada, aún está pálida. -respondió Héctor, admiraba el rostro de la chica, era muy guapa. Eran las dos muy guapas, cada una a su manera, pero a él le atraía Clara, era sencilla, divertida, con una personalidad curiosa...
-Estoy bien. -respondió Déborah, al fin y al cabo era demasiado independiente como para pasar toda la noche con aquellos tres, bueno, con Rodrigo sujetándola no estaba mal, la verdad.
Clara y Héctor acababan de acordar no preguntar porqué la había ocurrido eso a Debo, seguro que no la gustaría volver a parecer débil dos veces en una misma noche. Se miraron, cómplices.
-Yo debería volver... -murmuró Clara.
-Te acompaño rubita. -respondió Rodrigo soltando el brazo de la otra muchacha, parecía querer irse de allí ya.
-No hace falta, de verdad. -muestra una cálida y rápida sonrisa. Se levanta del asiento, mira a Héctor una última vez y se va.
Detrás de una planta frondosa, en esos momentos.
Estaba flipando. Cada vez las cosas tenían menos pies y cabeza. Se alejó poco a poco. Deprimida de nuevo, vivía entre lágrimas, todo era muy doloroso.
De repente alguien la tocó el hombro derecho, casi ni se da cuenta, unos golpecitos muy leves. ¿Héctor?
-¡Hola! -cuanta efusividad por parte de aquella persona. ¡Era ella! ¡La chica rubia y de pelo rosa!
-¿Hola? -respondió Bitner con un pequeño hilo de voz, apunto de estallar en lágrimas.
-¡Hola! -repitió y la dio un fuerte abrazo.
-¿Eh?, ¿hola? -volvió a decir Bitner, confundida.
-No me digas que no sabes quien soy. -dijo la otra chica, parecía tremendamente ofendida.
-Eh, no. Lo siento, no te conozco.
-¡Que no! ¡Tonta! -dijo dándola un codazo con fuerza. ¿Pero qué estaba haciendo?, ¿por qué tan siquiera la tocaba? -Oye, estas muy delgada, pareces una muñequita.
-Lo siento, te has equivocado.
-Pero mírame, te conozco y tu sabes quien soy.
-¡Qué no lo sé! ¡Déjame en paz! -le gritó, furiosa.
-Tranquilizate, ven, mira. -la chica se tapó el rostro con las manos, dejando ver solo sus ojos, que brillan de una forma muy especial.
-Tienes unos ojos bonitos. -masculló Bitner cansada de sus juegos.
-Fíjate más. -susurró ella, y le sacó la lengua a Bitner.
En ese momento llegó Héctor, que iba persiguiendo de lejos a Clara. Le sorprendió verle con Bitner, con su amiga de la infancia, con ese puñado de huesos que cada vez se notaban más, se hacían reales, que miedo.
-Hola... ¿conoces a...? -empezó a decir, pero se vio interrumpido por los labios de Bitner.
-Clara... -susurró Bitner terminando su frase, la clave de todo, la lengua de la chica, ¿quién la olvidaría?
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