miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 10.

-¿Dónde vamos? -preguntó Héctor con la respiración agitada mientras seguía un metro atrás a Clara.
-Al hospital La Paz. -murmuró ella intranquila, mirando de vez en cuando atrás para ver si el chico la seguía o se cansaba de ella.
-Conozco un atajo, ven. -dijo él adelantándose un paso y cogiéndola de la mano para ir por un callejón. Sabía que se acababan de conocer, que no habían tenido tiempo ni de hacerse un poco amigos, pero esa chiquilla la llamaba mucho la atención, sentía algo especial por ella y no sabía si era amor a primera vista o una fuerte amistad.

Clara tragó un par de veces, no la gustaban los sitios oscuros, la daban miedo, pero más aterrada estaba por la llamada de su madre, no le había explicado muy bien la situación, pero... aquel dichoso bulto en el pecho...
-Espera... -susurró Clara. -Hay gente allí fumando y eso...
-No pasa nada, lo tuyo es más importante. -dijo él, valiente.
-Bueno... -dijo, agarrándole fuerte de la mano, era su único apoyo.

En ese mismo momento, tres metros delante.

-¡Anda idiota! -grita una chica mientras seguía fumando. -Venga, vale hacemos el pacto.
-Entonces, ¿Lo que yo le haga a Oliver se lo haces tú a Alejandra?
-Que si pesado, dale.

Entonces el chico levantó la camiseta de su amigo y le acarició desde el pecho hasta por debajo del ombligo, sin dejarse una sola parte libre.
-¡Serás cabrón! -grita la chica mosqueada. -No voy a hacer eso, no voy a sobarle las tetas a Alejandra.
-Bueno... pues un castigo, por perder...
-¡Capullo!

Una pareja, cogidos de la mano llegan en ese momento.

-¡Eh tu! Sí, ¡el ricitos! ¡ven aquí! -grita una voz masculina dirigiéndose a Héctor, este le mira un poco por encima y sigue su camino. Entonces llega el chico que le llamaba y junto a tres amigos más les cierran el paso.

Clara miraba aterrada, no estaba acostumbrada a estos momentos ya que siempre trataba de evitarlos, no sabía si sería mejor hacerles caso o pasar de ellos, sólo tenía a Héctor. Dos de los chicos, que deberían tener uno o dos años más les cerraron el maldito paso, había dos chicas, una morena y otra de pelo rojo, parecía que todos iban bebidos o fumados.
-Perra, ya recibirás tu castigo por no cumplir tu trato. -dijo el tal Oliver, a Clara le sonaba su cara, tal vez iba a su mismo instituto.
-¡Capullo! ¡Qué pensarás hacerme!
-Yo nada, él. -y señala a Héctor.

Héctor mira confuso, acaba asintiendo, ¿lo qué llevaba ese tío era una cuchilla? Después miró a Clara, parecía que temblaba, demasiadas emociones. Tragó saliva. -Bien. -murmuró mientras veía como todos le daban un trago a una botella de absenta.

-Tienes que sobarle las tetas a esta preciosidad... -dijoOliver.
-¡Eh tío no! -se quejó el otro. -Déjala en paz.
-Ahora la defiendes no, ¡te pones celoso primo!
-La sobo yo por él. -sonríe travieso mientras mira a la espectacular chica morena que también iba bebida. -Ven aqui, zorrita.
-Pero vamos a ver, ¿sois gilipollas? -se queja la chica poniéndose en pie, dándole dos tragos fuertes a la botella, tambaleandose y yendo al lado de Héctor. -Pobre chico, que haga lo que le de la gana. -sonríe ella también, pícara, mostrando su escote al chaval.
-Yo...yo no... -titubea Héctor sin poder evitar que sus ojos se posaran en aquella preciosidad, cuando de repente, la chica se desmaya, cayéndose al suelo.
-¡Deborah! -grita uno de sus amigos que no iba mucho mejor que ella. -Vamos, joder, haber si la va a dar un coma, a urgencias ya.
-Pero tío, sospecharán.
-Da igual, decimos que nos la hemos encontrado tirada en la calle, que no la conocemos de nada.

Clara no podía salir de su asombro, ¡era su amiga!, ¡la conocían! y pretendían pasar de ella, tratarla como la mierda si no la habían humillado bastante ya. Fue donde la chica ya que nadie se movía y junto con Héctor la incorporaron. Rodrigo también fue con ellos y salieron hacia el hospital con prisas.

-Muchas gracias guapa, estos que son unos cabrones... -dijo Rodrigo mientras cruzaban las calles. -Me llamo Rodri.
-Clara. -dijo ella, por un momento se había olvidado de su madre.

Llegaron a urgencias, esa noche estaba lleno.
-¡Bitner! -gritó Héctor al ver allí a su vieja amiga, soltando con cuidado a la chica desmayada y yendo hacia ella. -¿Qué ha ocurrido?, ¿Ana otra vez? -sus padres asientes y el entristece. -Luego la llamo... perdonen, tengo que atender a otra chica, dice yéndose de nuevo con Clara, el chico cardura y con Deborah, ¿así se llamaba?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Dame tu opinión!