Se levantó de su asiento, pasando por encima del chico y yendo con su amiga. Completamente sonrojada y sintiendose algo humillada.
Cogió la bolsa y se ocultó la cara con ella, sentándose de espaldas al pasillo. -Sara, la he cagado. -murmuró aun con la cara tras la mochila.
-No seas tonta Bit, es un imbécil.
-Que me encanta.
-Mentira, solo está bueno.
-Que no.
-Que sí idiota, convencete ya.
-Que no Sara, que es diferente cuando está conmigo.
-¡Diferente dices! -se echó a reir Sara. -Es el mismo gilipollas estando contigo o con cualquier otra.
Y ahí acabó la conversación durante todo el trayecto, ni una palabra más. Bajaron en su correspondiente parada y se fueron a entrenar. Bitner no se pudo concentrar en las tres malditas horas de voleibol y el entrenador amenazó con no volver a sacarla hasta que acabara la temporada porque últimamente estaba por las nubes. Tenía ganas de ponerse a llorar, de decir que no era su culpa. Que su maldito corazon estaba hecho un lío y ella no sabía como salir de ahí.
Llegó Bitner a casa, tiró la mochila al suelo y se tumbó en la cama, hundiendo la cara en la almohada blanca que pronto se empezó a teñir de mojado. Tres toques a la puerta.
-No entreis. -murmuró cabezota.
-Bit...
-¡Que te vayas pesada! -le gritó Bitner a su hermana pequeña, con furia. Sabía que no tenía que hablarla así pero no estaba para bromas.
-Que no, que ha venido un chico preguntando por algo de mates...
¡Un chico! ¿Y si fuera Rodri...? Imposible. Se levantó de un salto, se secó las lágrimas y se desenredó el pelo. Le dio un beso en la frente a su hermana. -Lo siento Lucy.
Bajó al recibidor y cogió aire un par de veces. Se quedó perpleja cuando vio quien estaba ahí, cerró la puerta y sin moverse se quedó en silencio. Entonces el chico se lanzó sobre ella, besándola. ¿Qué cojones hacía aquí Jaime?
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